—¡Mamá!
En ese momento, la voz de Carlota resonó no muy lejos, a sus espaldas.
Floriana volteó rápidamente y vio a Víctor acercándose con Carlota en brazos.
—Amor, todavía no le has dado las buenas noches a nuestra hija.
Víctor tenía una expresión de triunfo y presunción. Al pasar junto a Facundo, soltó una risita burlona y continuó hacia Floriana. Ante la mirada de advertencia de ella, él arqueó las cejas con picardía.
—Carlota, dale un beso a mamá.
Carlota se inclinó de inmediato, abrazó a Floriana por el cuello y le dio un gran beso en la mejilla. Luego le dijo cariñosamente:
—Mamá, no trabajes demasiado, duérmete temprano y acuérdate de pensar en mí.
Floriana le lanzó una mirada fulminante a Víctor, luego abrazó a Carlota y besó su carita.
—Está bien. Tú también duérmete temprano al llegar a casa. Mamá buscará tiempo para ir a verte.
—Sí.
Carlota asintió obedientemente y luego empujó un poco a Víctor.
—Señor, usted también tiene que darle las buenas noches a mamá.
Víctor estaba más que dispuesto. Imitando a Carlota, abrazó a Floriana y se acercó, pero ante la mirada amenazante de ella, solo se atrevió a besarle la mejilla.
—Amor, yo también te voy a extrañar.
Floriana torció la boca.
—Ya lo sé.
—¿Tú me vas a extrañar?
—...Mjm.
—Entonces, ¿por qué no me dices buenas noches?
—Buenas noches.
—No, así no es.
Floriana apretó los dientes. Si Facundo no estuviera mirando, seguramente le habría dado otra cachetada. Respiró hondo y besó la mejilla de Víctor.
—Buenas noches.
—Dime "esposo".

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...