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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 812

Alzó la mirada y vio a un grupo armando fiesta en su casa: unos fumaban, otros tomaban, otros bailaban, otros coqueteaban… y ni siquiera se daban cuenta de que alguien había entrado.

—Aj… —Carlota se atragantó con el humo y empezó a toser.

Víctor se apuró a llevarla al cuarto de la niña. Después de acomodarla, salió y, de entrada, prendió todas las luces.

Con la sala iluminada, por fin pudo ver quiénes eran: además de Martina, había cinco hombres y dos mujeres, con ropa de lo más atrevida, el cabello pintado de mil colores y fachas rarísimas.

A la mayoría los conocía. En otros tiempos, él también había sido de ese grupo.

—¡Ah, mira! ¡Víctor, ya regresaste! —Martina, ya bien entrada en copas, se le acercó tambaleándose. Traía una botella en la mano y, al llegar, quiso obligarlo a darle un trago, pero Víctor se hizo a un lado.

Él frunció el ceño.

—¿Quién te dio permiso de venir a mi casa?

Martina se rio, como si le pareciera una tontería.

—¿Desde cuándo necesito tu permiso para venir?

Víctor vio que estaba borracha y no quiso engancharse.

—Ya es tarde. Váyanse.

—¿Estás pendejo o qué? ¡Si apenas son las once! ¿Que ya es tarde, dice?

—Mañana tengo que llevar a mi hija a la escuela y luego ir a trabajar. Para mí, once ya es tarde.

—¡Ja! ¿Oyeron lo que dijo? ¡Que tiene que ir a trabajar! ¿Con ese pinche cerebro todavía puedes trabajar? ¿Y cuál hija? Ya me enteré: nomás andas manteniéndole la vieja y la niña a otro.

Mientras hablaba, Martina le picó el pecho con un dedo. Víctor le apartó la mano y ella, sin pena, se le recargó encima.

Capítulo 812 1

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