Begoña no solo gritaba a todo pulmón, sino que embestía con fuerza la puerta de Terapia Intensiva.
En medio del caos, Jairo e Isabella no tuvieron más remedio que intervenir.
—Begoña, ya te dije que yo cubriré los gastos médicos de tu hermano. ¿Por qué sigues armando este escándalo? —Isabella la sujetó del brazo.
Al verlos, Begoña dejó de gritar de golpe. Se limitó a mirarlos de reojo, dibujando una sonrisa llena de segundas intenciones.
—Pero mi hermano no es nada suyo. ¿Por qué pagarían sus cuentas?
—Begoña, ¿no fuiste tú quien me rogó…?
—¿Y solo porque te rogué aceptaste? —soltó una risa burlona—. ¿Te crees la Madre Teresa o qué?
—¡Begoña!
—Está bien. Son buenas personas, grandísimas personas, tienen el corazón de un santo. Pues que así sea, les daré el gusto.
La mirada de Begoña se oscureció y se volvió hacia la doctora Benítez:
—Entonces les encargo que sigan tratando a mi hermano. Quiero que usen los mejores medicamentos, los más caros, y que no escatimen en nada para salvarlo. No se preocupen por el dinero, al fin y al cabo, a la familia Crespo le sobra.
La doctora Benítez frunció el ceño. Había aceptado ayudar a Jairo con la mentira por un sentido de justicia tras conocer la historia de su hermano; escuchar a una victimaria como Begoña hablar con tal descaro le revolvió el estómago.
Begoña notó el asco en los ojos de la doctora, pero eso solo ensanchó su sonrisa.
—No es algo que yo exija, son ellos los que se empeñan en ser los buenos de la película. Yo solo les sigo la corriente.
Cuando Jairo llegó, su rostro ya estaba sombrío. Había tolerado a Begoña demasiado tiempo y su paciencia se había agotado. Estaba a punto de irse sobre ella cuando Isabella lo detuvo.
—Hay demasiada gente. Si la golpeas aquí, nosotros quedaremos como los malos.
Jairo apretó los dientes.
—Ella lo sabe. Seguro que ya lo sabe todo.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...