Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 827

Aquel hombre era Pol Carrasco, el padre de Julián y Begoña. ¡El verdadero asesino de Óscar!

Al pensar que ese sujeto había estado frente a sus narices y lo había dejado escapar, Jairo sintió ganas de apuñalarse a sí mismo.

—Apareció. No estaba muerto.

En ese momento, tuvieron la certeza absoluta.

El problema era que Pol ya sabía que Jairo lo estaba rastreando y que usaba a sus hijos para encontrarlo. Seguramente se escondería mucho mejor y cortaría contacto con ellos por un buen tiempo.

¿Cómo iban a hacerlo salir?

Isabella soltó un largo suspiro.

—No podemos precipitarnos. Hay que pensar con la cabeza fría.

Al llegar a casa, se sorprendieron al encontrar a Begoña allí. Ya se habían quitado las máscaras, ¿acaso planeaba seguir fingiendo ser la niñera?

De hecho, pensaron mal: Begoña no tenía intención de seguir trabajando. Estaba sentada en la sala, viendo la televisión y comiéndose una manzana con la actitud de ser la dueña de la casa.

—¡Papá, mamá, no me deja ver la tele! —Samuel bajó corriendo, furioso, a acusarla—. Dije que quería una manzana y Ana me la lavó, ¡pero ella me la quitó! Cuando Ana le reclamó, ella dijo que ya no es la niñera, que es invitada de la familia y que debemos tratarla con respeto.

Isabella le revolvió el pelo a Samuel y le pidió que subiera a jugar con Lucas.

—Mamá, tienes que echarla. ¡Me cae muy mal!

Cuando el niño subió, Isabella y Jairo intercambiaron una mirada y entraron a la sala.

Begoña los vio entrar e inclinó la cabeza con una sonrisa cínica.

—Tengo antojo de algo fuerte. Le pedí a Ana que me preparara algo picante y se atrevió a regañarme. En fin, no quiero discutir con ella, díganle ustedes.

Jairo soltó una risa fría, sacó un cigarro, lo encendió y dio una calada profunda.

—¿Qué crees que es este lugar? ¿Quién crees que soy yo?

—¿Crees que no me atrevo, cabrona?

—Claro que te atreves. Pero si me matas, irás a la cárcel y, lo más importante, mi papá seguirá viviendo la buena vida. Nadie podrá encontrarlo y la venganza de tu hermano tendrás que dejarla para la otra vida.

Al escuchar eso, hasta Isabella sintió ganas de golpearla.

Pero tuvo que contener a Jairo y advertirle a Begoña que cerrara la boca.

Begoña se tocó la comisura de los labios, que seguía sangrando, y no se atrevió a decir más.

A la hora de la cena, Begoña se sentó a la mesa.

Jairo, al verla ahí, tiró los cubiertos con brusquedad, se dio la vuelta y subió las escaleras.

Lucas y Samuel, que ya intuían que esa mujer era una mala noticia, la fulminaron con la mirada y siguieron a su padre.

En el comedor solo quedaron Begoña e Isabella. A Begoña no parecía importarle en lo absoluto; estaba de excelente humor, e incluso le pidió vino a Isabella.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido