¿Podían aceptar que muriera dos veces?
No.
Era inaceptable.
Si para ella era difícil, para Jairo era una tortura. Esa herida abierta en el pecho por la muerte de Óscar no había sanado ni un poco en seis años; seguía doliendo como el primer día.
Pero, al final, tendrían que aceptarlo. Aunque fuera como recibir otra puñalada, aunque el dolor fuera insoportable.
—En estos últimos seis años, ¿creen que solo ustedes sufrieron? —Begoña habló con indignación, señalándose a sí misma—. Yo también sufrí. ¡No he tenido ni un día de paz!
—¿Tú qué sufriste? —preguntó Isabella con sarcasmo.
—Mi mamá se suicidó, mi papá tuvo que abandonarnos para esconderse como una rata, mi hermano sobrevivió a la operación pero cayó en una depresión absurda, y yo tuve que dejar mis estudios para cuidarlo. Mi hogar se destruyó, mi vida se arruinó, todo se fue al diablo.
Begoña levantó la copa y bebió grandes tragos de vino. Tal vez su dolor fuera real, pero no tenía derecho a vomitar sus miserias sobre la familia de la víctima.
Isabella le arrebató la botella y la estrelló con fuerza contra el suelo.
El estruendo de los cristales rotos hizo que Begoña se estremeciera, pareciendo despertar de su borrachera.
Miró los fragmentos esparcidos en el piso y sus pupilas se contrajeron cada vez más...
—¿Por qué tengo que vivir así? ¿Por qué tengo que aguantar sus reclamos? ¿Qué hice yo mal?
Murmuraba con la cabeza gacha, cada vez con más intensidad, hasta que levantó la vista y fulminó a Isabella con la mirada.
—¡Yo no hice nada malo! Fue mi mamá quien eligió a Óscar, fue mi papá quien lo dañó, fue mi hermano quien recibió el corazón. Yo... ¡yo no hice nada! ¡¿Por qué tengo que cargar con su odio?!
—¡Porque lo sabías y no lo detuviste! —replicó Isabella con frialdad.
—¡Si lo hubiera detenido, mi hermano habría muerto! ¡No podía sacrificar la vida de mi hermano por la de su familiar! ¡No hice nada malo, no hice nada malo!


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...