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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 830

—Te lo puedo decir.

Jairo frunció el ceño.

—¿Cuál es la condición?

—La condición es... hip... —Begoña soltó un hipo de borracha, miró hacia atrás a Isabella que acababa de llegar, y luego se volvió hacia Jairo—: Es muy simple. ¡Tú... acuéstate conmigo esta noche!

Jairo la agarró del cuello en un movimiento rápido y la lanzó contra el borde de la terraza. Si no fuera por el barandal, habría caído al vacío.

Fue tan repentino que Begoña palideció de golpe.

—No creo que te atrevas a tirarme...

Antes de que terminara la frase, Jairo aumentó la presión y empujó su torso hacia el vacío. Desde ese ángulo, Begoña pudo ver con claridad la crueldad asesina en sus ojos.

Quizás se había equivocado. Ese hombre realmente podría arriesgarlo todo solo para matarlos.

Su cuerpo seguía inclinándose hacia afuera, a punto de caer. Pero en ese instante, sintió una extraña euforia, como una liberación. Soltó el brazo de Jairo, dejó caer las manos a los costados y cerró los ojos, lista para recibir la muerte.

Isabella notó el cambio en Begoña y corrió a detener a Jairo, jalando a Begoña de vuelta a la seguridad del piso.

No le tenía miedo a la muerte. Amenazar a alguien que busca morir no sirve de nada.

Sin embargo, Isabella no iba a tragarse el coraje. En cuanto la tuvo a salvo, levantó la mano y le propinó una bofetada.

—¡Me das asco!

***

Floriana Sánchez regresó al hotel desde el set de grabación. Acababa de lavarse la cara y se disponía a descansar cuando sonó su celular.

Era un número desconocido.

—Floriana, ¿eres tú?

Era una voz de mujer, sonaba desesperada.

—Soy yo. ¿Quién habla?

—Soy Martina, yo...

—Estoy bien... tú tienes que ver cómo salvar a Víctor...

Floriana ignoró el comentario y tiró de ella con fuerza para llevarla hacia el auto.

—La policía me está buscando... no... no puedo ir a un hospital...

Floriana guardó silencio un momento.

—Te llevaré a una clínica privada.

—Herí a alguien muy pesado, con muchas influencias... te voy a meter en problemas... A Víctor lo arrestaron por mi culpa...

—Deja de hablar, lo primero es curarte.

Floriana buscó una clínica pequeña y discreta. Aunque el lugar no tenía todos los permisos, el médico de turno era audaz; desinfectó la herida de Martina y la suturó sin hacer preguntas.

Cuando terminó, recetó unos antibióticos y le dijo a Floriana que se la llevara, asegurando que era una herida superficial y que estaría bien.

Al ver que Martina se estabilizaba, Floriana pudo respirar un poco más tranquila.

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