Resulta que Martina había ido al antro a divertirse; se subió a la tarima a bailar y un tipo con aires de influyente malinterpretó la situación, pensando que ella vendía caricias. Se empeñó en llevársela a un privado para aprovecharse de ella.
Martina, que ya traía unas copas encima, se encendió de golpe, agarró una botella y le abrió la cabeza al tipo.
Después de eso, los guaruras del hombre la arrastraron a ese viejo complejo residencial, obligándola a participar en una de esas fiestas indecentes. Ahí sí le entró el miedo, así que se las ingenió para llamar a Víctor y pedirle que fuera a salvarla.
Víctor llegó, pero justo cuando estaba negociando con el tipo, la policía irrumpió en el lugar, acusándolos de organizar una orgía y diciendo que se llevarían a todos detenidos.
En medio del caos, Víctor intentó sacarla de ahí, pero la policía les pisaba los talones. Así que le dijo a Martina que corriera ella primero mientras él se quedaba para distraerlos. Obviamente, lo arrestaron.
Al escuchar la historia completa, Floriana sintió unas ganas inmensas de darle otro coscorrón a Martina.
Después de esconder a Martina en un lugar seguro, Floriana se dirigió a la delegación.
Al hablar con los oficiales, Floriana dimensionó la gravedad del asunto. Habían detenido a veinte personas, ocho hombres y doce mujeres; no solo por el escándalo sexual, sino también por consumo de sustancias ilícitas. Y lo peor: tras los interrogatorios, todos señalaron a Víctor como el organizador del evento.
Si se sumaban los cargos y se comprobaba su culpabilidad, Víctor podría pasar un buen tiempo en la cárcel.
Al escuchar esto, Floriana sintió que el corazón se le estrujaba.
—Según tengo entendido, mi esposo fue a ese lugar para ver a un amigo; él no participó y mucho menos organizó nada —trató de explicar Floriana, aunque sabía que sus palabras valían poco sin pruebas.
El policía joven, que ya la había reconocido, la miró con cierta lástima al escucharla.
—Cuando entramos, su marido estaba en la cama con una mujer.
No hizo falta decir más; Floriana entendió perfectamente.
Frunció el ceño al instante.
—Confío en mi esposo. Él no haría eso, es imposible.
—Nosotros investigaremos a fondo, pero señora Sánchez, vaya haciéndose a la idea —advirtió el joven oficial.
—Carlota se acaba de dormir, baja la voz.
Floriana corrió a la recámara para revisar a Carlota. Al ver que estaba en su cama, profundamente dormida, recuperó un poco el aliento. Luego salió hecha una furia a confrontar a Facundo.
—Víctor tuvo que salir de urgencia y contrató a una cuidadora temporal para Carlota, pero ya sabes cómo es esa gente; la mujer dijo que tenía una emergencia familiar, dejó a la niña y se fue. Yo pasé de casualidad a ver a Carlota y la encontré sola, así que me quedé a acompañarla —explicó Facundo.
Floriana frunció el ceño.
—Yo no te di permiso para venir a ver a Carlota.
—Soy su padre biológico, la ley me da derecho a visitarla.
—A Carlota no le caes bien.
—Es cierto, pero le dije que estabas muy ocupada y que lo mejor era no interrumpir tu trabajo, y me hizo caso. Aunque a regañadientes, se comió lo que le preparé y hasta dejó que la ayudara con la tarea.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...