Floriana habló con Isabella y le relató todo el incidente de Víctor. Al repasar los hechos en su mente mientras los contaba, se dio cuenta de que todo era demasiada coincidencia.
¿Y si alguien le había tendido una trampa a Víctor?
El primer nombre que le vino a la cabeza fue Facundo.
A la mañana siguiente, Facundo apareció de nuevo en su casa.
—Hoy es sábado. Quiero llevarlas a ti y a Carlota a la montaña. Supongo que tienes tiempo, ¿no?
Al verlo tan tranquilo, Floriana empezó a dudar si no se estaba imaginando cosas.
—Lo de Víctor... ¿fuiste tú quien lo planeó? —preguntó Floriana sin rodeos.
Facundo no se sorprendió; de hecho, sonrió levemente.
—Yo no lo llamaría «planear».
—¡Entonces sí fuiste tú!
—Te dije que conozco muy bien al jefe de la Hermandad de la Larga Sombra. Me enteré de que atacaron a uno de sus protegidos, así que naturalmente me interesé. Ahí descubrí la relación entre esa mujer y Víctor. Incluso le pedí a mi contacto que no se metiera con la chica, pero él dijo que no podía dejarlo pasar, así que hizo que la mujer llamara a Víctor. Él podría no haber ido, pero parece que su relación con esa tipa es muy cercana. Sabía que era una boca de lobo y aun así fue. Pensé que se iba a meter en problemas peores, así que creí que llamar a la policía era lo más seguro para él.
Al decir esto, Facundo se encogió de hombros con cinismo.
—No creo haberle tendido una trampa; más bien lo estaba salvando.
Floriana apretó los dientes.
—Facundo, tú y yo ya no tenemos nada que ver. ¿Por qué no nos dejas en paz?
Facundo suspiró.
—Ya te dije que nos separamos por un malentendido. Claro, ahora estás casada y debería felicitarte, pero te casaste con Víctor. Yo sé mejor que tú la clase de ficha que es, ¡cómo voy a estar tranquilo! Esto que pasó es para que te des cuenta de una vez por todas de quién es él en realidad.
—No creo ni una sola palabra de lo que dices.
Facundo entrecerró los ojos.
—Entonces deberías investigar cuántos años de cárcel dan por organizar orgías y consumo de drogas.
Floriana, indignada, levantó la mano para darle una bofetada, pero él le detuvo la muñeca en el aire.
—Deberías ir a despertar a Carlota. Tenemos que irnos temprano para bajar temprano. No creo que quieras pasar la noche conmigo en la montaña, ¿verdad? —La miró con una sonrisa suave y un tono tan amable que sus amenazas parecían palabras de amor.
Floriana rechinó los dientes del coraje. Pero al pensar que Facundo había armado todo esto por su culpa, sentía que le debía algo a Víctor. No tenía más opción que aceptar.
Los primeros dos años de casados, como ella había comentado que le gustaba la vida en el campo, Facundo compró una parte de la montaña y construyó una casa en la cima. Solían ir mucho; esa casa guardaba muchos de sus mejores recuerdos.
Después de tantos años, ella pensó que el lugar estaría abandonado, pero para su sorpresa, estaba igual que hace siete u ocho años. Los muebles y la decoración no habían cambiado nada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...