—He mandado a que la limpien regularmente. Siempre pensé que volveríamos aquí algún día, y mira, tuve razón.
Facundo abrió la puerta y se inclinó para tomar la mano de Carlota.
Pero Carlota se apartó, haciendo un puchero y mirando a Floriana para quejarse.
—Mamá, no me gusta aquí. ¡Me quiero ir a mi casa!
Floriana trató de calmarla:
—Vamos a jugar aquí hoy, mi amor. En la noche nos regresamos.
—Pero quedé con mi papá de ir al zoológico hoy.
—Papá tuvo cosas que hacer. Te llevará al zoológico otro día, ¿sí?
—Entonces lo espero en la casa.
—Él...
—Carlota, yo soy tu papá. A ese hombre solo tienes que llamarle «señor» —dijo Facundo con tono severo.
—¡Tú no eres mi papá! ¡Y además no me caes bien!
—No importa si te caigo bien o no, soy tu padre. ¡Llevas mi sangre!
—¡Facundo! —Floriana jaló a su hija para ponerla detrás de ella—. ¡Si sigues con esa actitud, me llevo a Carlota ahora mismo!
Facundo respiró profundo para controlarse.
—No me gusta que mi hija le diga papá a otro hombre, igual que a ti no te gustaría que Carlota le dijera mamá a otra mujer, ¿verdad?
—Todo esto es por tu culpa...
—Vas a decir que todo esto lo provoqué yo, ¿cierto? Lo admito, pero ya lo estoy compensando. Ustedes deberían intentar aceptarme.
Floriana se llevó la mano a la frente. Era imposible razonar con él. Solo esperaba que el día pasara rápido y que él cumpliera su promesa de dejar en paz a Víctor.
—Carlota, papá te preparó una sorpresa.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...