Floriana negó con la cabeza.
—Ya te dije que fue un momento de confusión, no debí preguntarlo. Retiro la pregunta.
—No lo hice —se apresuró a decir Víctor.
Floriana se quedó atónita.
—Ya no quiero saber.
—¡Tienes que saberlo!
Víctor se acercó a ella, la tomó por los hombros y la miró a los ojos, enfatizando cada palabra:
—Desde que me casé contigo, no he tocado a otra mujer. Aunque soy un desastre, odio mentir. Tienes que creerme.
Floriana apartó la cara.
—Te creo, pero suéltame.
—Sé que no quieres que toque a otras mujeres.
—No es cierto.
—Sí lo es. Y esa noche te enojaste tanto porque creíste que me había acostado con ellas. ¡Te importo!
—No me importas... te estás imaginando cosas... yo...
Floriana negaba tartamudeando, pero al instante siguiente, Víctor la besó. Fue un beso repentino y feroz, como alguien que muere de sed y encuentra agua, exigiendo, ocupando, robándole hasta el aliento.
Floriana intentó empujarlo con fuerza, pero él la abrazó más fuerte e incluso la tumbó en la cama, inmovilizándola con su cuerpo.
—¡Víctor! —Floriana luchó un buen rato antes de lograr girar la cara—. Nosotros... no debemos hacer esto...
—Somos esposos —murmuró él, besando desde sus labios hacia abajo.
—Somos esposos falsos, así lo acordamos...
—El acta de matrimonio es real, así que lo nuestro también es real.
—¡Sabes lo que esto significa!
—¡Significa que te seré fiel, en cuerpo y alma!
—¿Y aun así te atreves a tocarme?
Decía que quería ser un esposo de verdad, que le sería fiel...
—Solo buscas la novedad, lo mismo pasa con mi cuerpo. Pronto te vas a aburrir, y cuando eso pase...
—No sé si es solo novedad, pero te deseo demasiado.
Víctor estaba muy seguro al principio, pero con lo que dijo Floriana, empezó a dudar de sí mismo.
No es que Floriana no le creyera, es que ni él mismo se creía capaz.
Debido a esa inseguridad, soltó a Floriana lentamente y puso cara de culpa.
Justo cuando iba a levantarse, Floriana de repente lo abrazó por el cuello.
—En realidad, nadie puede garantizar que deseará a una sola persona toda la vida. Yo no te pido una eternidad.
Víctor no entendió al principio.
—¿Qué quieres decir?
—Solo quiero que seas honesto conmigo. Si deseas a otra persona o te enamoras de alguien más, dímelo. Me divorciaré de ti y listo. Así de simple.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...