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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 883

La muchacha le dijo sus cuantas verdades a la familia Benítez y, sin importarle las súplicas de Aarón, agarró sus cosas y se largó en ese mismo instante.

Aarón y su madre la persiguieron por un buen tramo, pero no lograron alcanzarla. Al regresar frente a la casa de Isabella, Jana empezó a gritar insultos.

Jairo ya no estaba dispuesto a tolerar más y, al ver que Aarón en lugar de detener a su madre compartía su indignación, se le fue encima. Lo agarró del cuello de la camisa y le acomodó un buen puñetazo.

Al ver que habían golpeado a su hijo, Jana pidió auxilio a gritos a los vecinos.

La gente de los alrededores ya sabía muy bien cómo estaba la situación, así que a lo mucho se acercaban para tratar de calmarlos de lejos. Ninguno se puso del lado de la familia Benítez.

Justo en ese momento, Jaime salió de su casa empujando su silla de ruedas por cuenta propia. Estaba tan desesperado por el alboroto que calculó mal y se resbaló por la pendiente. Nadie tuvo tiempo de reaccionar y todos vieron cómo terminaba cayendo directo a la zanja.

El accidente dejó helados a los presentes, quienes de inmediato corrieron a sacarlo. Se dieron cuenta de que se había golpeado la cabeza; estaba sangrando muchísimo y había perdido el conocimiento.

—¡Ay, viejo! ¡Ay, mi viejo! ¡Por favor, que no sea nada grave! —lloraba Jana, ahogada en la desesperación.

Aarón también se quedó pasmado del susto, sin saber qué hacer.

Isabella dejó salir un suspiro.

—¿Qué haces ahí parado? ¡Apúrate y sube a tu papá al carro, nosotros los llevamos al hospital!

El coche estaba estacionado afuera de la casa. Jairo fue por las llaves mientras ella ayudaba a Aarón a cargar a Jaime.

A pesar de la gravedad, Jana seguía resentida por lo que había pasado y no quería que Isabella interviniera.

Los vecinos intentaron hacerla entrar en razón.

—¡Señora, ahorita lo más importante es llevar a su marido al hospital! Bella se está portando a la altura al no guardarles rencor y ofrecerles transporte, hasta le deberían dar las gracias.

Jairo salió con las llaves e Isabella apoyó a Aarón para acomodar a Jaime en los asientos de atrás.

Jairo manejó, mientras que Isabella se sentó en el asiento del copiloto y puso la ruta en el GPS hacia la clínica más cercana.

Jairo sabía muy bien que Isabella solo lo estaba vacilando, así que se dio la vuelta para hacerle cosquillas en la cintura. Ese era su mayor punto débil; ella intentaba empujarlo mientras se reía a carcajadas. Y, sin darse cuenta, el juego terminó en un largo beso.

Fue hasta los siguientes días cuando realmente pudieron empezar a disfrutar de sus vacaciones.

Por las mañanas se iban a correr al monte, al mediodía preparaban la comida juntos, por las tardes llevaban a los niños a pasear por los rincones del pueblo y, en la noche, los cuatro se sentaban a ver alguna película o leer un libro.

A los amiguitos de Samuel les llamó mucho la atención que tuviera un hermano y un papá, sobre todo porque decían que su hermano era muy guapo y su papá todavía más. Por eso no dejaban de rogarle a diario que los sacara a jugar con ellos.

Al escuchar tantos halagos, a Samuel se le infló un poco el ego y no dudaba en inventarse cualquier excusa todos los días para que Lucas o Jairo lo acompañaran a salir.

A veces, cuando los cuatro caminaban juntos por las calles del pueblo, la gente se les quedaba viendo, tanto los que conocían a Isabella como los que no.

El plan original era quedarse un buen tiempo más en el lugar, pero en la noche, Samuel hizo una videollamada con Carlota. Ahí se enteraron de que ella había ido a la montaña con Víctor y habían sufrido una volcadura. Ambos estaban heridos e internados en el hospital.

Justo cuando Isabella terminaba de enterarse de lo sucedido, recibió una llamada de Lola. Le avisó que Víctor tenía programada una junta sumamente importante para el día siguiente, y como estaba herido, a Jairo no le quedaba más opción que dar la cara por él.

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