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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1056

—¡Floriana!

Al escuchar que la llamaban desde afuera, Floriana le pidió a Víctor que bajara el fuego y salió de la cocina. Era la señora de la casa vecina, la dueña del terreno donde estaba construida su propiedad.

—Escuché mucho movimiento en su casa, ¿ya se van a mudar?

La vecina asintió.

—A mi hijo le contaron lo de los tres departamentos y el dinero, y de inmediato dijo que sí. Hasta pidió permiso en el trabajo para venir a ayudarnos a empacar.

Mientras hablaba, le pasó una canasta llena a Floriana.

—Coseché todo lo que quedaba en la hortaliza, te traje un poco.

Floriana la recibió.

—¿Necesitan ayuda con algo?

—No, gracias. Mi hijo contrató un camión de mudanza. Por cierto, cuando veas a Bella, dale las gracias de mi parte. El doctor que le recomendó a tu tío resultó ser un especialista excelente, su salud ha mejorado muchísimo.

—Claro que sí, yo le doy el recado.

Intercambiaron un par de palabras más y la señora volvió a su mudanza.

El dinero de la compensación por ese terreno caería primero en la cuenta de la vecina, quien luego se los transferiría a ellas.

Floriana terminó el sushi, preparó un par de ensaladas frías, tomó la fruta y los tres se pusieron en marcha.

Fueron caminando bordeando el río hacia la montaña, disfrutando del clima fresco de la temporada. Se la pasaron jugando y paseando, de modo que apenas llegaron a la mitad del cerro a la hora del almuerzo. Como Carlota ya se quejaba del cansancio, buscaron un claro parejo y extendieron el mantel para el pícnic.

—Mamá, ¿de verdad van a destruir nuestra casa? —preguntó Carlota mientras se comía un plátano.

Floriana asintió.

—¿Te da mucha tristeza?

La niña hizo un pucherito.

—¡Es nuestra casa! ¿Con qué derecho dicen que la van a tirar y ya?

—Tienes razón en sentirte así, mi amor. Pero a veces, una sola persona tiene que ceder ante lo que decide la mayoría. No se puede hacer mucho.

—Un lugar tan hermoso... ¿Para qué construir una planta química? Sería mil veces mejor hacer un pueblito vacacional.

Floriana conocía muy bien la supuesta visión para los negocios de Víctor; después de todo, era el mismo hombre que casi había llevado a la ruina a una corporación tan sólida como el Grupo Crespo, así que prefirió no darle cuerda.

Sin embargo, era cierto que el lugar tenía paisajes espectaculares y aguas cristalinas. Una planta química lo contaminaría todo, y era una verdadera lástima.

Se pasaron toda la tarde explorando la montaña y volvieron casi al anochecer. Al llegar, encontraron a una multitud aglomerada en la pérgola frente a su casa.

—¡Nos estafaron! ¡Mañana mismo vamos al palacio municipal a exigir respuestas, ya no queremos que nos demuelan!

—¡Nos dividiremos en dos grupos! ¡Unos van a hablar con el gobierno y los otros vamos a las obras a correrlos a todos!

—¡Mañana todos unidos, no nos podemos echar para atrás!

Floriana le pidió a Víctor que metiera a Carlota a la casa mientras ella se acercaba a la vecina para preguntar qué estaba pasando.

La vecina pateaba el suelo del coraje.

—¿No que nos iban a dar tres departamentos nuevos? ¡Puras mentiras! Esos departamentos no están ni en la ciudad ni en las afueras, ¡están metidos en el fondo de un barranco! Es un lugar mil veces más aislado que el pueblo. Y los edificios... altos y feos, ni siquiera son nuevos, ¡son unas obras negras que compraron en remate! ¡Nos tomaron el pelo, nos estafaron pero con ganas!

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