Facundo sabía que la situación de la empresa era crítica, pero nunca imaginó que su familia también estuviera pasando por tantas dificultades.
—Floriana no ha venido, ¿verdad? —preguntó Mónica sin poder contenerse.
Facundo bajó la mirada.
—Tal vez no sabe lo que me pasó.
—Yo misma la llamé, es imposible que no lo sepa.
—¡Mamá, ¿por qué la llamaste?!
—Si no fuera por ella, ¿crees que nuestra familia estaría así? ¡Ella es la culpable de todo!
—No fue culpa suya, fui yo el que cometió los errores.
—¡Hmph! Ahora se esconde y le importa un comino lo que te pase a ti o a nosotros. Una mujer así, por la que has hecho tanto... ¿de verdad vale la pena?
—¡Ya te dije que ella no tiene la culpa, fui yo quien se equivocó!
Mencionar todo eso hizo que Mónica hirviera de rabia. Sabía que su hijo había terminado en ese estado por su obsesión de vengarse de Víctor, pero todo eso fue por culpa de Floriana. ¿Cómo iba a ser inocente?
Era una víbora que había arruinado a la familia Prado.
—Mamá, ya basta, estoy cansado. Vete a casa.
Mónica, que había querido seguir maldiciendo a Floriana, se sintió profundamente herida y decepcionada al ver que su hijo no solo no quería escucharla, sino que además la estaba corriendo.
—Facu, si sigues enredado con esa mujer, ¡mejor olvídate de tu padre y de mí!
Dicho esto, Mónica se levantó y se marchó.
Facundo sentía culpa hacia sus padres, por lo que, cuando Floriana apareció esa noche, su resentimiento superó a la sorpresa.
—¡Me pasó algo tan grave y apenas apareces! ¡¿Acaso no tienes corazón?!
Frente a la furia de Facundo, Floriana no mostró la más mínima emoción.
—Apenas llegué y veo que ya estás bien.
—¿A esto le llamas estar bien? Si me hubiera muerto, ¿te habría dado igual?
—¡Floriana!
—Incluso llegué a pensar que, si te hubieran matado a golpes, por fin habría podido descansar en paz.
Facundo se quedó helado. No podía creer que esas palabras salieran de la boca de Floriana. ¡Ella deseaba que muriera a golpes!
—¡Lástima que sigo vivo! —dijo entre dientes—. Y mientras respire, ¡no te dejaré en paz!
Floriana suspiró con pesadez.
—Si ya no eres el presidente del Grupo Prado, si no tienes poder ni dinero, ¿crees que todavía puedes amenazarme?
—Tú...
—Despierta de una vez, Facundo. Nunca te tuve miedo a ti, sino al poder que tenías. Ahora que ya no puedes mover tus hilos, dejaste de ser una amenaza para mí.
Tras decir eso, Floriana sacó varias cosas de su bolso y las tiró frente a él.
—Aquí están las escrituras de las propiedades, los locales y las tarjetas bancarias que me diste antes. Te lo devuelvo todo. ¡Nunca lo necesité, así que nunca te estuve agradecida por tu generosidad!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...