Entrar Via

La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 155

Tardó alrededor de una hora en que Valerio por fin hiciera su aparición en la habitación.

Erika se levantó despacio del sillón y le habló con tono tranquilo:

—Como sea, gracias por lo de hoy. Pero no puedo quedarme a vivir aquí.

Valerio empezó a desabotonarse el cuello de la camisa mientras caminaba directo hacia el sillón para sentarse.

Fijó sus ojos en ella y, unos segundos después, sus labios se movieron ligeramente:

—Ya te lo dije, la cárcel o esta casa, elige una.

El tono de Valerio llevaba una determinación imposible de contradecir.

Erika ya se imaginaba que le iba a contestar eso. Sonaba muy bonito que la dejara «elegir», pero, ¿quién sería tan imbécil de escoger la cárcel?

Ella le sostuvo la mirada con firmeza y soltó sin alterarse:

—Valerio, no tienes derecho a mantenerme encerrada aquí.

Erika lo fulminó con la vista, sin dar su brazo a torcer ni mostrar el menor signo de miedo.

Al escuchar eso, Valerio frunció el ceño, dejando ver una pizca de molestia en sus ojos.

Se levantó lentamente y se plantó justo enfrente de ella.

La inmensidad de su cuerpo y esa presencia intimidante hicieron que Erika sintiera de golpe una fuerte presión en el pecho.

Empezó a respirar de forma acelerada por el puro instinto, pero aun así se mantuvo clavada en el mismo lugar, firme y decidida a no bajar la mirada.

Los ojos de ambos chocaron como chispas, como si estuvieran en medio de una guerra silenciosa.

Después de un largo rato, Erika volvió a alzar la voz:

—Ya te dije que si quieres una prueba de paternidad, saca la cita y yo iré por mi cuenta. Ya estamos divorciados, ¿cuántas veces te lo tengo que repetir?

Valerio dio un paso al frente, acorralándola. Su mirada era cortante, incisiva.

A Erika se le puso la piel de gallina.

Retrocedió de manera involuntaria; aunque su corazón iba a mil por hora, su rostro intentaba, con todas sus fuerzas, mantener una máscara de tranquilidad.

Cuando topó con la pared y ya no tuvo para dónde hacerse, los brazos de Valerio rodearon su cintura en un instante.

Y terminó pegada por completo a él.

Antes de que ella siquiera procesara el jalón, ya se encontraba sentada a la fuerza en las piernas del hombre.

La anatomía inmensa de él prácticamente la devoraba por completo.

—¿Ah, sí? A ver, platícame, ¿qué tiene que ver eso conmigo?

Ese timbre de voz tan varonil resonó justo a un lado de su mejilla.

El ambiente se volvió cargado e increíblemente tenso en un parpadeo.

Erika trató de zafarse rápido, pero él simplemente reforzó su agarre alrededor de ella.

Con los dos cuerpos casi fusionados de esa forma, Erika podía sentir de manera directa la temperatura hirviente de la piel de Valerio.

Los latidos de su propio corazón comenzaron a dispararse y sintió cómo las mejillas le empezaban a arder sin que pudiera evitarlo.

Intentó levantarse una vez más, pero Valerio apretó el brazo de nuevo, dejándola completamente inmovilizada.

Acto seguido, él lanzó una advertencia en voz baja y pausada:

—Si te sigues moviendo, no respondo si termino haciendo una locura.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón