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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 157

—Que me devuelvas mi bolsa y mi celular para que me pueda ir a casa. Eso es lo que importa.

Valerio la volvió a agarrar de la barbilla y habló con una voz cortante:

—Te lo he dicho ya tres veces: o te quedas aquí bien portadita, o te devuelvo a la delegación.

Mientras hablaba, un destello de determinación cruzó sus ojos, provocando que a Erika le recorriera un escalofrío.

Ella frunció el ceño, sintiéndose profundamente impotente.

¿Con qué derecho?

Cuando era su esposa, acataba todas sus órdenes.

Pero ahora, ¿qué eran el uno para el otro?

¿Con qué cara seguía dándole órdenes de esa manera?

En los ojos de Erika asomó una clara fatiga.

Estaba mentalmente exhausta, ya no tenía fuerzas para seguir peleando con él.

Simplemente lo fulminó con la mirada, manteniendo distancia física a propósito.

Sin embargo, la voz de Valerio retumbó de nuevo en sus oídos:

—¿En dónde está tu casa? ¿Acaso tienes casa? De no ser por mí, ¿tú crees que Penélope te dirigiría la palabra? Además, hoy te limpié el nombre, te saqué de problemas, y al segundo siguiente me das la espalda. Supongo que no es ninguna sorpresa que Penélope haya criado a una hija como tú.

Erika lo miró estupefacta, sintiendo cómo le ardía la sangre.

¿Acaso el tipo aprovechaba cualquier oportunidad para humillarla?

Si Penélope fuera su verdadera madre y él la menospreciara así...

¡Le habría arañado la cara sin dudarlo ni un segundo!

Sin embargo, para su sorpresa, a él se le formó una sonrisa maliciosa en los labios:

—¿Acaso tengo cara de ser un hombre al que le ponen los cuernos con tanta facilidad? ¿Mmm?

El tono de Valerio parecía esconder una especie de burla hacia sí mismo.

Y aquella sonrisa desprendía un aura espeluznante.

A Erika se le pusieron los pelos de punta al ver esa expresión. ¿Estaba insinuando que le había sido infiel durante el matrimonio?

¿Qué pruebas tenía de algo así?

¿Acaso el simple hecho de que una mujer casada hablara con otros hombres ya se consideraba infidelidad?

Reprimiendo una vez más sus ganas de explotar de rabia, Erika hizo una pausa y le dijo:

—Valerio, no juzgues a todos según tus propios estándares. Ya te lo había dicho: no he hecho nada para faltarte al respeto, y los bebés son tuyos. Esta es la última vez que te lo explico de mi propia boca. En serio, si me crees o no, me da exactamente igual. Estoy más que dispuesta a hacerme la prueba de paternidad, así que, ¿ya me dejas ir?

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