Con el poder que tenía el Grupo Ramírez, él jamás podría hacerles frente.
Y ahora, con lo famoso que se había vuelto el "Club Caramelo", esa colaboración bastaba para que DC Entretenimiento aplastara por completo a su Grupo Horizonte.
No era nada fácil crecer en esa industria, y su empresa le había costado la mitad de su vida.
Erika, al ver que Leonardo seguía recargado sin intenciones de seguirle la plática a Martín, fue directo al grano:
—Como veo que tiene buena actitud, puedo pasar por alto las faltas de respeto de su esposa. Sin embargo, su hijo pellizcó a la mía y tiene que pedirle una disculpa como es debido. Si mi hija llega a tener algún trauma por esto, no me voy a quedar de brazos cruzados.
Erika dijo todo eso sin levantar la voz, pero con un tono tan frío y firme que no dejaba lugar a discusión.
—¡¿Qué?! El brazo de tu hija solo tiene una manchita roja, pero mi hijo se raspó el codo contra el suelo. ¡También se lastimó la pierna y hasta le salió sangre! Y todavía tienes el descaro de pedirnos que nos disculpemos cuando no hemos arreglado eso. —intervino Cristina desde el otro lado.
Había escuchado a Erika y corrió a enfrentarla de nuevo:
—¡Y otra cosa! Me echaste agua hace rato, ¡eso tampoco se me olvida!
Al ver que su mujer estaba a punto de picarle los ojos a Erika con el dedo, Martín la detuvo a empujones:
—¡Ya cálmate! Haremos lo que ella dice.
Cristina, al ver lo agachón que era su marido, explotó por completo:
—¡Martín! Escuché todo lo que platicaron. ¿A poco vas a dejar que nos pisoteen nada más por los problemas de tu pinche empresita? ¿Acaso no eres un hombre?
—¡¿Qué estupideces dices?! El niño hizo las cosas mal desde el principio. Al solaparlo así no lo estás cuidando, ¡le estás haciendo daño! —le reclamó Martín con firmeza.

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