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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 427

Pero los guardias de seguridad del centro comercial no tardaron en intervenir y bloquearon el paso de la multitud.

Erika esquivó a la gente y se dirigió a los elevadores por otro pasillo.

Vio que el ascensor que habían tomado Ricardo y Aurora bajaba al segundo nivel del sótano.

Sintiendo que esperar el elevador sería muy lento, corrió por las escaleras de emergencia.

Al salir al estacionamiento, no tardó en divisar a los dos forcejeando. Se acercó a hurtadillas, encorvada, ocultándose detrás de un vehículo grande para observar.

Escuchó a Ricardo reclamando furioso.

—¡No solo me robaste todo mi dinero, sino que ahora tienes el descaro de hacerte pasar por otra mujer para seguir estafando gente!

Aurora no mostró ni una pizca de arrepentimiento y le contestó de mala gana.

—¿Y qué? ¡Ese dinero me lo diste por voluntad propia! ¿Qué, ahora lo quieres de vuelta? Qué lástima, ya me lo gasté todito. Si quieres, mátame, pero dinero no hay. ¿Y eso de que me hago pasar por alguien más? Anoche yo sí fui a esa fiesta, que te quede claro. Estamos hablando del mismísimo Valerio Ramírez. Si te atreves a meterte conmigo, haré que te destruya.

Ricardo soltó un bufido de frustración, seguido de una carcajada llena de desprecio.

—¿Ah, sí? ¿Te conseguiste a un pez más gordo? Qué casualidad, yo también estuve en esa fiesta anoche y no te vi por ningún lado pegada al lado de Valerio.

Se hizo un silencio absoluto. Erika no alcanzó a escuchar la réplica de Aurora.

Era evidente que las palabras de Ricardo la habían acorralado.

Segundos después, se escuchó la voz temblorosa de la mujer.

—Tú... ¿cómo ibas a estar ahí? Yo no te vi en toda la noche.

—Ese dinero que te di lo doy por perdido, Aurora, como si le hubiera echado de comer a los perros. Pero te doy un consejo gratis: deja de estafar gente. Tanto va el cántaro al agua hasta que se rompe, y un día vas a terminar en la cárcel —sentenció Ricardo.

—¡¿De qué demonios hablas, Ricardo?! Te acompañé a cenar, me fui de fiesta contigo... ¿no era justo que me dieras algo a cambio? ¿Qué pensabas, que me iba a casar contigo? ¡No te hagas el santurrón, que tú tampoco eres ninguna blanca paloma! A partir de hoy, si nos vemos, hacemos de cuenta que no nos conocemos. ¡Idiota!

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