Al escuchar la explicación de Ricardo, Erika se quedó pensativa aferrada al volante.
Visto de esa forma, resultaba que Ricardo no era el típico seductor superficial que solo sabía coquetear.
Que tuviera la capacidad de ponerse en su lugar y pensar en su bienestar era algo que jamás hubiera imaginado.
Con eso en mente, Erika le respondió con sinceridad.
—Agradezco mucho tu consideración. Sin embargo, señor Ríos, te lo diré de frente: no hay ninguna posibilidad entre nosotros. No eres mi tipo, lo siento.
Tras dejar claras sus intenciones, subió la ventanilla.
No quería darle más largas ni falsas esperanzas, pero dejarle las cosas claras para que retrocediera sin lastimar su ego era su forma de devolverle el favor.
....................
Por la noche.
Después de la cena, los niños se amontonaron en la sala para probarse la ropa y los zapatos nuevos.
La casa se llenó de risas y carcajadas infantiles.
Al ver esa escena, el corazón de Erika se llenó de una calidez reconfortante.
Su plan era descansar unos días para despejar la mente antes de decidir si abriría su propio estudio o buscaría empleo en otra agencia.
Más tarde, cuando los niños ya se habían bañado y acostado.
Erika se sentó a solas en su estudio, inmersa en el silencio.
Siempre que se sentía agobiada, solía aislarse de esa forma, meditando hasta altas horas de la madrugada.
La infusión de frutas que la empleada le había preparado aún estaba intacta sobre la mesa, cuando escuchó que llamaban a la puerta principal de la casa.
Erika frunció el ceño y oyó los pasos de la señora yendo a abrir.
¿Quién podría ser a esas horas de la noche?
Apenas terminó de formularse la pregunta, alguien tocó a la puerta del estudio.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón