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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 484

La persona que abrió no fue Yara, sino un muchacho de unos quince años. Al ver a Erika, le dijo:

—Mi hermana Yara me pidió que viniera a abrirle. Anoche se puso muy mala, se desmayó en el camino y los vecinos la llevaron al hospital. Me dijo que viera cómo regresarse a la ciudad y que le pidiera disculpas. Por favor, cierre bien la puerta cuando se vaya.

El chico soltó todo de corrido, dio media vuelta y salió corriendo.

Erika ni siquiera tuvo tiempo de preguntar nada. Intentó salir a buscarlo, pero apenas llegó al patio se quedó sin fuerzas, viendo cómo el joven se alejaba a lo lejos.

Preguntando a los lugareños, logró encontrar la tiendita. Para entonces, ya era de mañana.

Preocupada por sus hijos, lo primero que hizo fue llamar a Greta. Para no asustarla, solo le dijo que había tenido un contratiempo y que se le había descargado el celular. Acto seguido, llamó a Martina.

Después de eso, se quedó esperando sentada fuera de la tienda, hasta que, entre la fiebre y el cansancio, vio aparecer a Valerio...

Al llegar a este punto de sus recuerdos, Erika soltó un ligero suspiro y se dio la vuelta en la cama.

Escuchó pasos al otro lado del biombo, el crujido de unas bolsas abriéndose y luego la figura de Valerio entrando al baño.

Poco después, se oyó el ruido del agua cayendo en la regadera.

Erika frunció el ceño. ¿Se iba a bañar? ¿Qué le costaba aguantarse una noche sin hacerlo? Solo estaban ellos dos en la habitación, ¿cómo se le ocurría hacer eso?

Quejándose mentalmente, se reincorporó un poco para desconectar su celular y ponerlo en silencio.

Tenía un mensaje de Martina pidiéndole que le avisara en cuanto despertara.

También había uno de Amelia Chávez, diciéndole que descansara y que no se preocupara por los niños, que estaban perfectamente bien.

Parecía que Amelia ya estaba enterada de que había vuelto sana y salva.

Solo llevaba puestos unos pantalones cortos. Su torso desnudo brillaba por las gotas de agua, dejando a la vista unos músculos perfectamente definidos que habitualmente quedaban ocultos bajo sus elegantes camisas.

Su cuerpo atlético bloqueaba casi por completo la luz que salía del baño.

—Ejem... ¿Alcanzas a ver bien o quieres que prenda la luz principal? —preguntó Valerio, secándose el cabello mientras caminaba hacia ella, con su profunda voz resonando en la habitación.

Erika: «...»

¿Acaso se le había quedado viendo?

Era un simple acto reflejo; en un lugar tan silencioso, cualquier movimiento llama la atención. ¡Por supuesto que no se lo estaba comiendo con la mirada!

Con una expresión de total indiferencia, Erika volvió a acostarse lentamente, dejando claro que no tenía el menor interés en mirarlo.

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