Sin embargo, los pasos de Valerio se escuchaban cada vez más cerca. Pronto, ese característico aroma fresco la envolvió, y su voz sonó justo a su oído:
—Ve a darte un baño de agua caliente. Diego Álvarez te trajo ropa limpia.
Erika no se movió ni le contestó. Era cierto que había pasado un día espantoso y necesitaba un baño decente.
Pero ni loca se iba a meter a bañar estando encerrada a solas con él.
Al segundo siguiente, sintió que Valerio se sentaba en el borde de su cama.
Sobresaltada, Erika se incorporó de golpe y le reclamó:
—¡Tu cama está del otro lado!
Su intención era correrlo, pero al sentarse, sus ojos quedaron exactamente a la altura de su pecho...
Unos pectorales sumamente trabajados, como esos que solo veía en los videos de internet.
La noche que se acostaron cuando él estaba borracho, ya los había visto. También aquella vez que la besó a la fuerza en la mansión Ramírez...
Sin poder evitarlo, sintió que las mejillas le ardían. Apartó la mirada rápidamente y le dijo en un tono glacial:
—Haz el favor de vestirte y regrésate a tu lugar.
Valerio esbozó una media sonrisa y le preguntó con voz ronca:
—¿Planeas quedarte sola toda la vida? ¿Nunca has pensado en buscarte otro hombre?
Erika cerró los ojos, fastidiada. Como no había logrado sacarle nada y ella había ignorado sus intentos de hablar del pasado, ¿ahora le salía con esto solo para romper el silencio?
—Claro que lo buscaré, pero te aseguro que no serás tú —respondió fríamente. Se acostó de nuevo y se tapó hasta la cabeza con las sábanas.
Al ver que Erika no quería hablarle, Valerio se quedó sentado en silencio unos instantes antes de volver al sofá cama.
La noche avanzaba y de vez en cuando se oían pasos apresurados en el pasillo. Erika no sabía qué hora era cuando se despertó con ganas de ir al baño.
Gritó indignada y salió huyendo del baño.
El susto le espantó el sueño por completo.
Corrió hacia la ventana y la abrió de par en par. Se llevó la mano al pecho y respiró profundo, esperando que el aire fresco de la madrugada le bajara el calor de la cara.
Ese hombre era un descarado, ¿cómo se atrevía a estar haciendo esas cosas en un lugar así? Aunque nunca lo había presenciado, sabía perfectamente lo que estaba haciendo, lo había leído en libros.
¿Qué le pasaba? En todos estos años, ¿no había tenido a otras mujeres?
¿O acaso se la había pasado a solas todo este tiempo?
Cuando estaban juntos la historia era otra. Antes de que Lorena apareciera en escena, Erika incluso había llegado a pensar que él sufría de algún problema de disfunción.
Mientras lo maldecía en su mente, de pronto percibió ese inconfundible aroma fresco...

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