Al llegar a este punto, Erika notó que Ricardo fruncía el ceño, así que añadió:
—Por lo tanto, no se trata en absoluto de si le importo o no. Yendo al extremo, él y yo somos completamente parte del pasado en lo que a mí respecta. Si le importa o no, es pura y exclusivamente su problema.
Tras escuchar la postura de Erika sobre Valerio, Ricardo se quedó sin palabras por un momento. Él conocía a Valerio y estaba completamente seguro de que no renunciaría a ella.
Sin embargo, Ricardo seguía pensando que esa insistencia nacía de un interés genuino por Erika, y no solo por puro orgullo herido.
...
Dos días después.
Milena volvió al estudio para otra sesión de fotos.
Esta serie en blanco y negro tenía un estilo moderno. Según las exigencias del contrato, el concepto requería que posara con las piernas al descubierto, descalza y vistiendo únicamente una camisa blanca holgada abotonada solo en el centro.
Además, su cabello debía lucir húmedo, proyectando un aura fría y cautivadora.
Fue precisamente este atuendo el que le permitió a Erika descubrir aún más moretones en el cuerpo de Milena, e incluso algunos parecían ser muy recientes.
Habían pasado dos días sin verse. ¿Esas nuevas marcas se las habían hecho ayer o anteayer?
Lo que había visto la vez anterior ya la había dejado horrorizada, pero ver más marcas, y encima nuevas, le heló la sangre.
Erika llegó a la conclusión de que no se trataba de un altercado casual. Sin temor a exagerar, era muy probable que Milena fuera víctima de abuso constante.
Ese tipo de situaciones, Erika las había vivido en carne propia y también las había visto en las noticias...
Cuando terminó de tomar la última fotografía, Erika se acercó a paso lento y le preguntó en voz baja:
—Señorita Milena, esas heridas en su cuerpo...
Aunque la pregunta fue un poco abrupta, Erika no pudo contener la necesidad de saber la verdad. Milena le daba la impresión de ser una persona que sufría abusos sin tener la fuerza para defenderse.



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