Ian dejó escapar un suspiro:
—Eso tendrás que preguntárselo al asistente Diego en un rato. Seguramente ya tiene pistas. Pero te digo algo, hermano: para tener el descaro de hacer estas aberraciones a plena luz del día y asegurarse de que nadie abra la boca, su protector no debe ser cualquier don nadie. Deberías tener mucho cuidado.
Valerio ignoró su advertencia, su mirada se volvió aún más oscura y ordenó:
—Ve a buscar a Diego ahora mismo. Dile que instalen a la tal Amelia Chávez en la habitación de al lado. Y en cuanto a esa tal Milena, pónganle vigilancia. Apenas despierte, tráela a verme a primera hora de la mañana.
Ian asintió y, justo cuando estaba por cruzar la puerta, Valerio volvió a hablar:
—Dile a Diego que apenas termine con todo, venga directamente a verme aquí.
—Entendido, hermano. Voy para allá.
Una vez que Ian se fue, Valerio apagó la luz principal, dejando únicamente la tenue iluminación de una lámpara de pie.
Se acercó a la cama y se sentó lentamente en el borde.
Sus manos grandes y fuertes apartaron con suavidad los mechones de cabello de la frente de Erika. Pero en el instante en que sus dedos rozaron su mejilla, la asquerosa cara de Martín Falcón volvió a aparecer en su mente.
Valerio retiró la mano despacio, apretando los puños con tanta fuerza que sus nudillos crujieron. Las venas de su frente palpitaban violentamente.
Ni siquiera quería imaginar qué habría pasado si no hubiera llegado esta noche, o si Ian no se hubiera topado con ella por pura casualidad. Pensar en lo que ese animal planeaba hacerle...
A medida que la idea tomaba forma en su cabeza, un escalofrío de terror le recorrió la espalda. Incluso sintió que había sido demasiado blando al golpear a Martín.
Valerio caminó despacio por la habitación. Un instante después, Diego volvió a hablar:
—Hoy traje a mucha gente conmigo y me aseguré de que su identidad se mantuviera en absoluto secreto, señor. También me encargué de difundir el rumor de que este operativo fue el resultado de una revuelta de varios artistas que ya no soportaban más abusos. Sin embargo, hay un detalle que no me cuadra.
Al ver que Valerio le hacía una seña para que continuara, Diego expresó sus dudas:
—Se supone que si estas personas estaban sufriendo tantos abusos, bien podrían haber pedido ayuda a la policía de manera anónima para que hicieran un operativo encubierto como el de hoy. Atraparlos con las manos en la masa no habría sido tan difícil. Pero este lugar lleva operando bastante tiempo y, hasta donde sabemos, nadie ha presentado ni una sola denuncia formal.
Valerio reflexionó por un momento antes de responder con calma:
—No necesariamente. El éxito que tuvimos hoy también tuvo mucho que ver con la casualidad. Es muy posible que la policía ya tuviera agentes encubiertos investigando el lugar desde hace tiempo, pero simplemente no habían encontrado el momento exacto para atraparlos en el acto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón