Ian frunció el ceño. ¿Su primo no le había explicado qué parentesco los unía? ¿Ni siquiera le había detallado cómo fue el rescate?
Además, se notaba a leguas que ella acababa de llorar.
¿Qué le habría dicho ahora ese témpano de hielo de su primo para lastimarla así?
Ian se llevó un puño a los labios, carraspeó un poco y dijo:
—Esa es una historia muy larga, te la contaré con calma en otro momento. Por cierto, ¿ya le bajó la fiebre al señor Ramírez?
¿Fiebre?
Con razón, cuando Valerio le había tocado la frente y la había agarrado del brazo, sus manos se sentían tan calientes.
Al ver la total confusión en el rostro de Erika, que permanecía callada, Ian continuó hablando:
—Anoche notó que estabas ardiendo en fiebre, pero resulta que él estaba peor que tú, y aún así se quedó a cuidarte toda la noche. Es la primera vez que escucho que se enferme así; yo digo que del susto que se llevó al ir a rescatarte, hasta el cuerpo le reaccionó.
Erika se quedó sin palabras.
Por favor, ni que fuera un niño chiquito para enfermarse de un susto...
Mientras los ojos de Erika deambulaban sin rumbo, la voz de Ian volvió a sonar en sus oídos:
—Ay, ustedes dos son un caso perdido, me da ansiedad nomás de verlos. Señorita Milán, hablando se entiende la gente, no te puedes encerrar en tus propios pensamientos. Además, todo tiene un límite, es obvio que a él le importas muchísimo.
Ian hizo una pausa antes de rematar:
—Anoche, Valerio le dio tal paliza a esa escoria de Martín Falcón que el infeliz acabó en urgencias debatiéndose entre la vida y la muerte. Apenas me avisaron que lograron estabilizarlo, pero quedó medio muerto y aún no sabemos la gravedad de las lesiones. Si ese tipo decide proceder legalmente, es muy probable que el señor Ramírez acabe en la cárcel. Todo esto lo hizo por defenderte, y por lo que veo, no le muestras ni un poquito de gratitud.
Escuchando todo el sermón de Ian, Erika recordó cómo en aquel banquete él no había tenido reparos en gritarle a Valerio, y ahora soltaba toda esta retahíla. Definitivamente su relación con Valerio no era de simples conocidos.



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