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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 573

Por otro lado, ¿cómo iba a explicarle a Adrián la mentira que le había contado?

A Erika se le enrojecieron los ojos y no dejaba de frotarse las manos.

Martina, con su personalidad despreocupada, aún no había caído en cuenta de ese detalle y trató de consolarla de inmediato:

—Ya, no llores. Ahora que encontramos la casa, lo demás no será problema. Deberíamos reír, reír de felicidad, ¿no crees?

Martina le tomó el brazo y le dijo con voz suave:

—Cuando Adrián dijo eso hace un momento, sentí un vuelco en el corazón. Si la primera familia a la que le hubiéramos preguntado hubiera reconocido el collar, ¿imaginas la impresión que se llevarían esos pobres ancianos?

Al ver la confusión de Erika, Martina añadió:

—Lo que quiero decir es que sí, debemos seguir el consejo de Adrián. Nosotros ya conocemos la verdad, y tú, siendo la principal involucrada, tienes cierta preparación mental. Pero para tus padres, esto será tanto una sorpresa como un balde de agua fría. Si se enteran de que pasaron décadas criando a la hija de otra persona, imagínate cómo se sentirán.

Erika, que ya sentía un nudo en la garganta y los ojos llorosos, dejó caer sus lágrimas tras escuchar las palabras de Martina.

Mientras le limpiaba las lágrimas, Martina le dijo con un tono profundo y sincero:

—Ay, pase lo que pase, el camino para reencontrarte con tu familia va a empezar con lágrimas. Pero piensa en el futuro. Al final, tú y tus padres serán felices. Y si de verdad es la familia Romero, ¿no sería aún más maravilloso? Él sería el mejor hermano del mundo. Primero vayamos a tantear el terreno, y luego pensaremos en una mejor forma de que te reúnas con ellos. ¿Qué te parece?

Erika asintió distraída, pero con el rabillo del ojo notó que Adrián ya había caminado hacia el otro extremo del área de descanso.

Erika se sintió un poco deprimida. Se acercó al oído de Martina y susurró:

—Marti, creo que volví a meter la pata. Mira a Adrián... él cree que esta es la casa de Leonardo Romero. Recuerda que usé a Leonardo como excusa con él. ¿Crees que esté triste por mí, pensando que me enamoré de mi propio hermano?

Martina le restó importancia con un gesto de la mano:

—Tú hazte la desentendida con ese asunto, yo me encargaré de hablar con él. No te preocupes.

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