—¿Tú también eres nueva? —preguntó Vanesa, plantándose frente al escritorio de Erika con un tono cargado de arrogancia.
—Sí —Erika se levantó por cortesía, asumiendo su papel de recién llegada.
Vanesa extendió la mano y le exigió:
—¿Tienes tu currículum o portafolio? Déjame verlo.
Erika dudó un segundo, pero le entregó la misma carpeta que le había mostrado a la chica de al lado.
Vanesa la ojeó rápidamente y asintió.
—Nada mal. Serás tú. Ven conmigo.
Erika se quedó un poco sorprendida, pero la siguió hasta su oficina bajo la atenta mirada de todos.
Al entrar, Vanesa se acomodó directamente en su silla ejecutiva y le habló con tono desinteresado:
—Siéntate. Es tu primer día, ¿no? Por tu trabajo veo que ya tienes experiencia, así que me imagino que no hace falta explicarte cómo funciona el set de grabación.
Erika asintió.
Vanesa prosiguió:
—Mira, como eres nueva, vas a ir al set a aprender, pero tampoco puedes quedarte ahí parada sin hacer nada. Así que también te va a tocar apoyar con el trabajo de los asistentes.
Erika frunció el ceño. Sabía perfectamente lo pesado que podía ser el trabajo de los asistentes de fotografía. No solo tenían que cargar, armar y ajustar el equipo, sino que muchas veces les tocaba montar los escenarios, acomodar la utilería y hasta ayudar a las modelos a cambiarse.
Todo era trabajo físico pesado. Erika pensó de inmediato en los trillizos que llevaba en el vientre. Que le dijeran que era una exagerada o una malagradecida, no le importaba; ahora mismo no podía darse el lujo de hacer ese tipo de esfuerzos.
Tras unos segundos de silencio, respondió:
—Una disculpa, Vanesa. Te agradezco mucho que me hayas considerado, pero por cuestiones de salud, no puedo hacer trabajo físico pesado. De hecho, fue algo que ya le dejé claro al jefe cuando me contrató.


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