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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 63

La expresión de Vanesa cambió en un abrir y cerrar de ojos. Adoptó una actitud humilde, dibujó una sonrisa sumamente amable en su rostro y lo recibió:

—¡Señor Navarro! Qué sorpresa. ¿En qué le puedo ayudar?

—¿Acaso la señorita Milán hizo algo mal? —preguntó Luciano yendo al grano, ignorando el saludo de Vanesa mientras se frotaba el entrecejo.

La mente de Vanesa comenzó a trabajar a mil por hora, analizando el tono de Luciano e intentando descifrar qué relación tenía con la nueva.

Su sexto sentido le dijo que Luciano la tenía en alta estima, así que se apresuró a contestar:

—Para nada. El trabajo de Erika me pareció de primera. De hecho, acaba de entrar y ya la elegí para que me apoye en el proyecto de Grupo Ramírez. Lo que pasa es que tuvimos un pequeño choque de opiniones y estábamos discutiendo un poco, es todo.

Dicho esto, le lanzó una mirada a Erika y le preguntó con un tono empalagoso:

—¿Verdad que sí, Erika?

Erika parpadeó y paseó la vista entre ambos antes de responder:

—Así es, señor Navarro. Estábamos debatiendo unas cuestiones de trabajo.

Luciano frunció el ceño y asintió, aunque parecía no tragarse el cuento del todo.

—Bueno, ¿y ya terminaron de debatir? Si ya acabaron, Erika, pasa a mi oficina.

—Enseguida, señor Navarro.

Por la presencia de su jefe, Vanesa no se atrevió a seguir con la pelea y se limitó a despedirlos con la mayor cordialidad.

En cuanto entraron a su despacho, Luciano fue directo:

—Eres muy noble. Pero la verdad es que Vanesa tiene un carácter bastante arrogante y no tiene pelos en la lengua. De ahora en adelante, trata de mantener tu distancia y no te tomes a pecho sus comentarios. Además, por tu salud, primero encárgate de lo que yo te asigné. Si alguien más te pide que hagas otra cosa, simplemente ignóralos. En cuanto a lo del asistente, ya están haciendo las entrevistas; mañana sin falta te asignamos a alguien.

—Muchas gracias, Luciano. Qué vergüenza darte tantos problemas.

Erika le agradeció un sinfín de veces, sintiéndose un poco culpable. Acababa de entrar y ya andaba poniéndose sus moños con el trabajo. Daba toda la impresión de que sí había entrado por palancas, justo como le había dicho su compañera.

Al notar el remordimiento en los ojos de Erika, Luciano le restó importancia con un gesto de la mano y la tranquilizó:

—Por favor, ni me lo digas. Tú creciste junto con Adrián, y él es uno de mis mejores amigos; por lo tanto, tú también lo eres. Si tienes algún problema aquí, búscame sin dudarlo. Recuerda que la salud es lo primero. Yo me conformo con que más adelante te vuelvas famosa y le traigas maravillas al estudio…

Las palabras sinceras de Luciano llenaron de calidez el pecho de Erika, pero al mismo tiempo la hicieron sentir que ahora le debía todavía más a Adrián.

Por suerte, aquel día en el hospital, Valerio realmente había creído que el médico le había interrumpido el embarazo, por lo que no volvió a meterse con Adrián. De lo contrario, la culpa no la habría dejado vivir en paz.

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