—Señor Ramírez, usted ya había sido vinculado con la señorita Milán en otras noticias. ¿Acaso está enamorado de ella y por eso fabricó esta historia para salvarla?
—.........
Las preguntas llovían a cántaros, absurdas, incisivas, inagotables.
Solo cuando el equipo de seguridad logró imponer orden, Valerio volvió a acercarse al micrófono:
—Erika y yo decidimos mantener nuestro matrimonio en secreto. Los motivos son de carácter estrictamente privado y no daré explicaciones al respecto. En cuanto a la veracidad de la prueba de ADN...
Valerio dirigió la vista hacia el ejecutivo a su izquierda, quien tomó la palabra como si fuera un guion ensayado:
—El documento proviene del laboratorio forense de mayor prestigio de la ciudad. Cumple con todos los protocolos de legalidad y peritaje. Estamos abiertos a cualquier escrutinio. Si llegara a demostrarse la más mínima irregularidad, el Grupo Ramírez y el señor Valerio Ramírez asumirán la responsabilidad total ante la ley.
Con esa declaración final, Valerio se levantó de su silla y, escoltado por un muro de guardaespaldas, se marchó del estrado.
El primer ejecutivo que había hablado retomó el mando:
—Con esto concluimos la conferencia del día de hoy. Como hemos reiterado, pronto se darán a conocer los resultados de las demandas. Les recordamos que internet no es una zona libre de la ley. Les instamos a tener extremo cuidado con lo que publican, comparten o comentan. Cualquier nuevo intento de manchar la honra de la señora Ramírez o de sus hijos será perseguido hasta las últimas consecuencias por nuestro corporativo y por el propio señor Ramírez. No habrá piedad para nadie. Agradecemos su asistencia. Hasta pronto.
La transmisión se cortó de tajo, dejando la pantalla en negro.
Erika seguía paralizada en el sofá.
Repasó todo mentalmente: desde el título del en vivo hasta el momento en que él mostró el documento. Cuando la cámara hizo zoom, alcanzó a leer la fecha de expedición... ¡Coincidía exactamente con la época en la que Valerio pasaba más tiempo conviviendo con sus hijos!
¡Él... él lo supo todo el tiempo! ¡Sabía que los niños eran su propia sangre!
¡Y para rematar, le había revelado al mundo entero el secreto de su matrimonio!


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