Martina la obligó a sentarse para que se relajara y se acercó a tomar el celular.
Al ver que el nombre que brillaba en la pantalla era el de Silvia Ramírez, se dio cuenta de que su amiga no exageraba. Para evitarle un disgusto mayor a Erika, deslizó el dedo para contestar.
—¿Hola?
No alcanzó a decir más, cuando un chillido estridente reventó por la bocina:
—¡Erika! ¡Tú y yo tenemos cuentas pendientes! ¡Trae a mis nietos a mi casa en este maldito instante! ¡Ahora mismo!
Martina entendió a la perfección. Esa prepotencia solo podía venir de la madre de Valerio.
—Señora, creo que se equivocó de número —respondió Martina, haciéndose la desentendida.
—¿Ah? ¿Me equivoqué? Pero si yo misma anoté el número el otro día... —se escuchó la voz alejarse. Era evidente que había apartado el teléfono de su oreja para revisar los dígitos en la pantalla.
Sin darle más vueltas, Martina cortó la llamada. Erika se le acercó de inmediato, y su amiga le relató palabra por palabra la exigencia de la mujer. Luego, intentó animarla:
—Tranquila, me tienes a mí. Y ahora también cuentas con todo el peso de la familia Romero respaldándote. No tienes por qué tenerle miedo a esa vieja.
No había terminado la frase cuando el teléfono volvió a sonar. Era de nuevo Silvia Ramírez.
Martina le dio un vistazo a la pantalla.
—Si no quieres hablar, no lo hagas. Déjalo que suene, o mejor apágalo.
Y así fue. Erika ni contestó ni rechazó la llamada. Se limitó a poner el móvil en silencio, dejando que Silvia marcara como desquiciada una y otra vez.
Ambas se encerraron en la recámara. Ahí, Erika le explicó a detalle todo lo que Diego Álvarez le había advertido.
—Martina, si destapó todo esto hoy, fue porque vio cómo arrastraban a los niños por el fango. Desde su perspectiva como padre, quizá sintió que yo había fallado en mi deber de protegerlos, y por eso tomó el control de la situación. Si hace eso... no solo me asusta su familia. Siento que su siguiente paso será usar todo este circo mediático en mi contra. Dirá frente a un juez que soy incapaz de cuidar a mis hijos, y me destruirá en un juicio.
Martina guardó silencio, procesando la gravedad de la situación. Finalmente dijo:
—Eri, no te me adelantes. Mañana a primera hora vamos con tu hermano a buscar al mejor equipo de abogados. Primero hay que medir nuestras probabilidades de ganar en la corte, y definir un plan de choque por si intentan quitártelos a la fuerza. Siempre hay una salida legal, no te tortures desde ahora.
—Sí... —asintió Erika, tragándose las lágrimas.
....................
Mientras tanto, Silvia Ramírez, harta de marcar al vacío, decidió llamar directamente a su hijo, ahogándose en llanto y exigencias.
Valerio no tuvo más remedio que dejarlo todo y salir disparado hacia la mansión familiar.

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