Los hombres se miraron en silencio por un momento, y Erika solo pudo ver que los labios de Valerio se movían, aunque no lograba descifrar qué estaba diciendo.
Pasaron varios minutos hasta que Valerio finalmente bajó de su auto.
Caminó directamente hacia el frente del vehículo, tomó a Erika del brazo y la jaló hacia él.
—Ven a comer conmigo.
Erika forcejeó para soltarse, sin molestarse en ocultar su mala cara ni su tono cortante.
—Valerio, suéltame. ¿De verdad tienes que hacer un espectáculo en público? Además, ¿qué te importa con qué hombre me veo?
Valerio la miró fijamente a los ojos.
—¿Te gusta él?
Erika se quedó callada. Simplemente le dirigió una mirada cargada de emociones encontradas a Adrián. La expresión de él era mucho más sombría que hace unos momentos, y ya había encendido el motor de su auto.
Entonces, la voz de Valerio volvió a resonar junto a su oído.
—Eri, sé que ustedes han sido muy unidos desde niños. Pero, sin Martina presente, ¿te parece apropiado verte a solas con él?
Valerio hizo una pausa, recorriéndola con la mirada antes de continuar.
—¿No lo entiendes? Te lo explicaré. Desde la perspectiva de un hombre, que aceptes salir con él a solas es igual a darle una oportunidad. Al menos, eso es lo que él va a pensar. ¿Acaso quieres ilusionarlo y arruinarle la vida entera?
Erika se quedó sin palabras. Lo que decía Valerio tenía sentido; el hecho de que ella no tuviera intenciones románticas no significaba que Adrián no las albergara.
—Vamos, acompáñame a comer. Te dejaré volver en cuanto terminemos —dijo Valerio, tirando suavemente de ella hacia su auto.
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