Pero ahora... simplemente no podía soportar la idea de alejarse de su familia biológica.
Aunque, por otro lado, la idea de escapar al extranjero seguía rondando su mente.
Desde que se reencontró con Valerio, había quedado claro que él no tenía la menor intención de rendirse.
Incluso había considerado la opción de fingir tener otro hombre para espantarlo, pero conociendo el temperamento de Valerio, sabía que él le haría la vida imposible a ese pobre incauto. Al final, solo terminaría perjudicando a alguien inocente.
Antes había pensado en usar a Ricardo para ese propósito, pero después de todas las veces que él la había ayudado desinteresadamente, ¿cómo iba a tener el descaro de arrastrarlo a sus problemas?
Al pensar en todo esto, Erika dejó escapar un profundo y pesado suspiro.
Se quedó mirando a la nada por un buen rato, hasta que Valerio entró en la oficina, cargando varias bolsas de comida.
Él mismo se encargó de colocar los platos humeantes sobre la mesa de centro.
—Eri, ven a comer antes de que se enfríe.
Erika lo miró con los ojos vacíos. No se levantó de su silla, sino que le preguntó con una calma escalofriante:
—Valerio, si decido no volver contigo, ¿usarás todos tus recursos y artimañas para quitarme a los niños y llevarlos con la familia Ramírez? Por favor, respóndeme con la verdad.
Valerio detuvo sus movimientos en seco. Se enderezó lentamente y clavó su mirada en ella.
—Vas a volver conmigo. Te amo, y sé que tú también sientes algo por mí.
Erika se frotó las sienes, agotada.
—Te pedí que respondieras directamente a mi pregunta.
—En mi forma de ver la vida, no existen las suposiciones ni los 'qué pasaría si'. Simplemente no existen —respondió él con firmeza.
Un escalofrío de pura desolación recorrió el pecho de Erika. Habló despacio, arrastrando las palabras:
—¿Alguna vez has leído sobre casos psicológicos? Cuando una persona se niega a responder una pregunta de forma directa, significa que el núcleo de esa pregunta ha dado en el blanco. Es decir, volviendo a lo que te pregunté... Sí lo harías. Me quitarías a mis hijos.
Valerio suspiró suavemente, se alejó de la mesa de centro y se acercó al escritorio de Erika, hablándole con voz cálida:
—Eri, quiero que escuches la verdad. El hecho es que no he pensado tan a futuro. Lo único que quiero ahora mismo es borrar todo el rencor que guardas hacia mí, para que podamos empezar de nuevo.
Pero Erika ya había sacado sus propias conclusiones por su evasiva. Sin importar lo que Valerio dijera a partir de ese momento, sus palabras ya no le importaban.


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