Una vez que Ian desapareció por la puerta, Valerio se acercó y pasó el seguro de la habitación.
Regresó junto a la cama y vio que Erika estaba tirando del cuello de su blusa, tratando de aflojárselo. Tenía la piel, desde las mejillas hasta el pecho, completamente enrojecida. ¿Cómo se le había ocurrido tomar tanto si no lo toleraba? Menos mal que era él quien estaba allí para cuidarla; si hubiera caído en manos de otro...
El solo pensamiento oscureció la mirada de Valerio. Fue al baño, mojó una toalla con agua caliente y regresó para limpiarle el rostro, intentando aliviar su malestar.
Pero de los labios de Erika seguían escapando murmullos incomprensibles. Tuvo que inclinarse sobre ella para lograr escucharla.
—Agua... quiero agua...
Valerio se levantó de inmediato, sirvió un vaso de agua tibia y la ayudó a incorporarse con sumo cuidado. La apoyó contra su pecho y comenzó a darle de beber lentamente.
Apenas había dado unos tragos cuando Erika empezó a toser con fuerza.
—Me... siento mal...
Valerio dejó el vaso a un lado a toda prisa y comenzó a frotarle la espalda con suavidad.
Al segundo siguiente, escuchó que ella tenía arcadas. La levantó en brazos en un abrir y cerrar de ojos y corrió hacia el baño, pero antes de que pudieran cruzar la puerta, Erika le vomitó encima, manchándolos a ambos.
Valerio soltó un suspiro resignado y la sentó con cuidado sobre la suave alfombra del baño.
Abrió la llave de la tina, ajustando la temperatura hasta que el agua cálida comenzó a llenarla.
Su mirada se desvió inevitablemente hacia Erika. Recostada a medias sobre la alfombra, con el rostro encendido por la fiebre del alcohol y los ojos desenfocados, seguía murmurando cosas sin sentido.
Pasaron un par de minutos. Tras comprobar que el agua estaba perfecta, la levantó con cuidado, apoyándola en su cuerpo, y comenzó a desvestirla.
Al sentir sus manos, Erika agitó los brazos de manera torpe e inconsciente, como si quisiera defenderse. Pero a los ojos de Valerio, esos movimientos erráticos y sin fuerza parecían adorables reclamos de atención.
—Tranquila... —murmuró él con voz ronca para calmarla—. Un baño de agua caliente te hará sentir mejor.
Valerio la introdujo despacio en la bañera, dejando que el agua la cubriera. Pero sostener a una persona inconsciente para que no se resbalara era agotador.


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