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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 694

Dicho esto, Erika vio cómo Silvia Ramírez desbloqueaba su teléfono y lo deslizaba sobre la mesa hasta dejarlo frente a ella.

Erika bajó la vista hacia la pantalla y, al ver las imágenes, sintió que sus mejillas volvían a arder como el fuego.

Era una grabación de seguridad. El video la mostraba saliendo de la habitación del hotel, y luego, tras un salto en el tiempo, mostraba a Valerio saliendo de la misma habitación.

Erika frunció el ceño, desconcertada.

—Para que quede claro, yo, Silvia Ramírez, provengo de una familia decente, no tengo la costumbre de andar espiando a puerta cerrada. Supongo que conoces a Ian Osorio. Es el hijo de mi hermana, y esa es la habitación que él alquila a largo plazo. Mi hermana revisó las cámaras para saber por qué él no había vuelto a casa, y se encontró con esto. Así fue como el video llegó a mis manos.

Tras dar su explicación, Silvia tomó un sorbo de café con elegancia y sentenció con frialdad:

—Por un lado, ocultas la existencia de mis nietos y evitas a mi hijo. Pero por otro, te metes en su cama. ¿A qué estás jugando con Valerio?

Erika estaba atónita. Ni siquiera había terminado de asimilar lo que había sucedido anoche; se había pasado toda la mañana como un alma en pena, y ahora resulta que, para el mediodía, su ex suegra ya sabía que se habían acostado...

—¡Habla!

Mientras Erika seguía en shock, Silvia le exigió una respuesta alzando la voz y dando un golpe seco en la mesa.

Erika sintió que se le helaba la espalda del susto. Lo peor de todo era la humillación, porque no tenía idea de cómo explicar toda la situación. Intentando controlar el pánico que sentía por dentro, respondió con tono sereno:

—Lo que está viendo no es la verdad, señora. Todo es un malentendido.

—¿Un malentendido? —Silvia soltó una risa sarcástica—. Mi hijo salió a mitad de la noche y hoy fue a la empresa con ropa diferente. Fui a verlo, ¿y adivina qué le encontré marcado en el cuerpo?

Bajo la mesa, las manos de Erika no dejaban de arrugar el mantel por la tensión. Ese interrogatorio la hacía sentir como si fuera 'la otra', atrapada con las manos en la masa por la familia, sin derecho a defenderse.

Al ver a Erika con la cabeza gacha, la ira de Silvia aumentó, y fue directa al grano:

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