Amelia se secó las lágrimas y continuó:
—El señor Romero se llevó la caja y avisó a las autoridades. Quería esperar a que descubrieran quién fue para decírtelo, pero hasta ahora no han encontrado al culpable. Erika, yo...
Con el ceño fruncido, Erika volvió a meter el muñeco en la caja y luego consoló a Amelia con voz suave:
—Ya, no llores. Yo estoy bien. Lamento mucho que hayas tenido que pasar por este susto por mi culpa. Iré a buscar el botiquín, espérame aquí.
Erika regresó rápidamente con el desinfectante y las curitas. Después de atenderle las heridas a Amelia, tomó la caja y le dijo:
—Iré a buscar a mi hermano para preguntarle si hay alguna novedad con este asunto. Tú vete temprano a descansar hoy.
—Está bien, Erika. Por favor, ten mucho cuidado de ahora en adelante.
—Lo haré.
...
Erika salió del estudio y estuvo a punto de llamar a Leonardo, pero de pronto recordó que en su conversación del día anterior él había mencionado que el trabajo estaba tranquilo y que se quedaría en casa acompañando a Liliana Yáñez.
Así que decidió no llamar y manejó directamente hacia la casa de la familia Romero.
Al entrar al jardín de la residencia, escuchó un llanto proveniente de la sala; sonaba exactamente como la voz de Yolanda.

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