Vanesa estaba tan alterada que casi le picaba los ojos a Cristina con el dedo.
Erika extendió el brazo para jalar a Cristina hacia ella y le sostuvo la mirada a Vanesa sin perder la calma:
—Si tienes dudas, ve con el señor Navarro. Yo solo sigo las órdenes del estudio.
Vanesa desvió su mirada llena de odio hacia Erika.
—¿Y ya respondiste a lo que te pregunté? Te la pasas escudándote en el señor Navarro, ¿qué es él tuyo para que te proteja tanto?
Su tono rebosaba desprecio y burla, con una actitud de total superioridad.
Erika la seguía observando con frialdad. Llevaba todo el día trabajando, estaba exhausta y no tenía la más mínima intención de enredarse en una discusión vulgar con ella.
Tras una pausa, se acercó al oído de Cristina y le susurró:
—Ve a buscar al señor Navarro.
Al escuchar la instrucción, Cristina salió corriendo hacia la oficina de Luciano.
Vanesa, que parecía no aguantar el coraje entripado, le arrebató la cámara a Erika y le exigió con voz tajante:
—Este set es exclusivo para mi uso, así que agarra a tu gente y lárgate de aquí.
Erika se quedó mirando sus manos vacías, pero no hizo el menor intento por recuperar la cámara. Si la situación llegaba a los jaloneos físicos, su cuerpo no lo soportaría en su estado actual.
Al ver la escena, los demás miembros del equipo empezaron a murmurar entre ellos.
—Qué se cree esta Vanesa, es una pesada. Si no fuera por Erika, Estudio Lumina se habría metido en un broncón por su culpa. En vez de agradecer, viene aquí a lucirse y hacer sus panchos.
—Totalmente. Siempre ha sido una prepotente nada más porque tiene un par de buenos trabajos en su portafolio. Le encanta mangonear a todos. Ya nos tiene hartos a varios aquí.
Erika estaba a punto de caminar hacia la salida cuando Vanesa alzó la voz:
—Señor Navarro, sé que enfermarme de imprevisto fue un inconveniente, pero le dejé instrucciones claras a mi asistente. No entiendo por qué le asignó un proyecto tan importante a una novata. Si llega a meter la pata y Grupo Ramírez nos hace un pleito, ¿quién va a pagar los platos rotos? Me imagino que podemos aclarar este asunto aquí mismo y frente a todos, ¿no?
Aunque su tono era menos agresivo que antes, el mensaje era claro: no pensaba ir a la oficina; quería que Luciano diera una explicación en ese mismo lugar.
Luciano la miró con absoluta calma.
—¿Estás segura de que quieres hablarlo aquí?
Vanesa asintió.
Con una mano en el bolsillo del pantalón, Luciano dio un par de pasos y comentó de manera casual:

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