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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 75

—Cristina, ¿de verdad le robé el trabajo? ¿O crees que le quité el dinero que le correspondía justamente a ella?

Al ver la duda en los ojos de Erika, Cristina negó con la cabeza enérgicamente:

—¡Por supuesto que no! Somos un equipo, y al contrario, le salvaste el pellejo a la empresa. Piénsalo: su asistente se fugó. Si el señor Navarro no hubiera conseguido a nadie, imagínate la bronca en la que estaría el estudio. No le des vueltas de más, Erika.

Escuchar la seguridad y sinceridad de Cristina le quitó un peso de encima.

Aunque había mantenido la fachada de calma en el set, la ansiedad le había ido carcomiendo por dentro en el trayecto hacia su escritorio.

Odiaba que Vanesa hubiera intentado presionar a Carla para hacerle daño, pero toda esta situación la dejaba con una inquietud muy extraña en el estómago.

Sabía de sobra lo difícil que era conseguir un cliente de ese nivel. Cualquiera en el lugar de Vanesa estaría furioso por haberlo perdido de esa forma.

Estaba inmersa en esos pensamientos cuando, no muy lejos, vio a Vanesa marchando en su dirección con cara de pocos amigos.

—No te cantes victoria, Erika. El contrato de Grupo Ramírez me especificaba a mí como la fotógrafa encargada. Cuando se enteren de que el estudio me cambió a escondidas por una novatilla sin talento como tú, te van a meter en un buen lío legal. ¡Quiero ver cómo sales de esa!

Vanesa se plantó junto a su escritorio, cruzada de brazos, mostrando una mueca soberbia. Parecía que estaba comprando primera fila para ver el espectáculo de su inminente despido.

Erika levantó la vista lentamente y respondió sin inmutarse:

—Vengo aquí a trabajar y a ganarme la vida. Si mi jefe me da una orden, la cumplo. No tienes por qué descargar toda tu mala vibra en mí. En cuanto a las fotos, dudo que haya algún problema; estudié tu técnica fotográfica a detalle antes de empezar.

Vanesa esbozó una sonrisa cargada de veneno.

—Ay, por favor... Me voy a sentar a esperar a que esta industria te escupa.

Dicho esto, dio media vuelta y caminó hacia su oficina con altivez, haciendo resonar sus tacones de aguja.

Erika se levantó de su asiento y le advirtió con voz serena:

La voz pertenecía a Luciano, quien acababa de llegar. Sonaba aún más severo que en el set, revelando un evidente grado de furia.

Al percatarse de que el jefe estaba a unos pasos de distancia, Vanesa descruzó los brazos y, aunque su rostro aún reflejaba molestia, al menos fingió comportarse.

Acto seguido, le lanzó otra mirada fulminante a Erika antes de marcharse definitivamente a su oficina.

Luciano dejó a un lado su enojo y miró a Erika con una expresión amable.

—Céntrate en tu trabajo y no hagas caso de chismes baratos.

Erika se quedó en silencio un segundo y luego se disculpó apenada:

—Estoy bien, de verdad. Solamente... perdóneme por meterlo en este enredo.

Luciano le restó importancia con un gesto de la mano, la tranquilizó con un par de palabras amables más y luego se fue a continuar con sus pendientes.

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