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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 74

Su actitud era más bien la de un socio exigiendo cuentas en plena disputa de negocios.

Luciano esbozó una sonrisa desganada. Caminó hacia una mesa redonda cercana, tomó asiento y dio un par de golpecitos en la cubierta de cristal.

—Muy bien, entonces siéntense y hablemos.

Erika ya no aguantaba el cansancio de estar de pie, así que no lo dudó ni un segundo y fue a sentarse frente a él.

Vanesa dudó un momento, pero terminó arrimando una silla también.

Luciano le echó un vistazo a su alrededor. Ninguno de los presentes hizo el menor amago de retirarse; todos querían ver en qué terminaba el chisme.

Erika notó la expresión pensativa de su jefe e intentó adivinar qué pasaba por su cabeza.

Era evidente que la negativa de Vanesa a ir a la oficina, sumada al numerito que acababa de hacer reclamando comisiones y bonos, buscaba arrinconar a Luciano para que le diera la razón en público.

Erika ya se imaginaba que el regreso de esa mujer iba a desatar un drama de esta magnitud; lo que no sabía era cómo lo manejaría Luciano.

Mientras ella elucubraba sus teorías, Luciano fue directo al grano:

—Vanesa, es un hecho que tú cerraste el contrato, pero Erika fue quien se aventó todas las sesiones. De hecho, hoy es el último día de producción, lo que significa que prácticamente hizo todo el trabajo pesado. Por lo tanto, de las ganancias generadas por el proyecto de Grupo Ramírez, a Erika le toca el setenta por ciento y a ti el treinta.

Luciano lo dijo en un tono completamente informativo, como quien comunica una decisión inamovible.

Al escuchar esto, Vanesa pegó un brinco de la silla, lívida de coraje. Casi al borde de las lágrimas, le reclamó:

La evidente furia de Vanesa, sumada a los ojos de todos los presentes clavados en ella, hizo que Erika sintiera una profunda incomodidad y pena ajena.

Desde un principio temía que entrar a Estudio Lumina sin pasar por el proceso formal de entrevistas levantara sospechas y rumores de que estaba ahí por palancas, y ahora ese miedo se estaba volviendo realidad.

Sin embargo, la jornada de hoy la había dejado molida; no tenía energía para engancharse en peleas absurdas y confiaba en que Luciano, como el jefe que era, pondría orden.

En cuanto llegó a su lugar, Cristina llegó corriendo detrás de ella.

—Erika, qué paliza de día, ¿no? Ni te estreses por lo que dijo esa bruja. Tiene fama de ser una muerta de hambre con el dinero. Si cualquiera del estudio le hubiera tocado un peso de sus comisiones, habría reaccionado exactamente igual. Por algo su asistente le jugó chueco y se dio a la fuga en cuanto la internaron. En esta industria, eso es una traición nivel Dios.

Erika frunció levemente el ceño y le preguntó en voz baja:

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