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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 79

Mientras hablaba, Penélope se secó las lágrimas y siguió sermoneándola con insistencia:

—¿No decías que se habían peleado por culpa de la tal Lorena? Pues ya lo ves, llevan muchísimo tiempo divorciados y él ni sus luces con eso de casarse con ella; tampoco ha salido a aclarar en público qué clase de relación tienen. ¡Es obvio que todavía te sigue queriendo!

Al escuchar eso, a Erika le vino de golpe a la cabeza aquella mañana en la que Valerio mandó gente a la fuerza para llevarla al hospital y obligarla a abortar.

Aunque estaba bajo el rayo del sol, sintió que un escalofrío le recorría la espalda y de pronto se sintió muy mal.

Erika se apresuró a contestarle:

—Está bien, lo voy a pensar. Ahorita tengo prisa, vete a la casa.

Con tal de quitársela de encima, tuvo que seguirle la corriente y hablarle de la manera más suave posible.

La táctica funcionó.

Penélope la soltó muy contenta, sacó de su bolsa un paquete rectangular envuelto herméticamente y se lo tendió:

—Mira, Eri, te traje tu mermelada de sandía favorita. En cuanto la terminé de hacer, me vine para acá a dártela. Cuando se acabe, me avisas. Y no te olvides de darte una vuelta por la casa de vez en cuando, ¿eh? Voy a estar esperando tus buenas noticias.

Erika no quería aceptar nada que viniera de ella, pero con tal de largarse de ahí de una buena vez, lo tomó sin protestar.

—Sale, ya viene tu camión. Súbete ya.

Dijo Erika mientras le hacía la parada al autobús, y con una expresión amable le hizo una seña para que abordara.

Penélope subió a regañadientes, volteando a ver a Erika a cada rato. Se notaba que todavía tenía sus dudas, pero ya no tenía ninguna excusa para seguir pegada a ella.

Erika volteó a verla, fijando la vista en la cara retorcida de Penélope, y un nudo de pánico se le formó en el estómago.

Lo primero que se le vino a la mente fue que Penélope se le iba a ir a los golpes. Estaba sola, traía el cuerpo pesado y andaba agotada; no iba a tener fuerzas para defenderse.

Todos los nervios se le tensaron de golpe. Anticipando el escándalo que se le venía encima, rápido se cruzó la bolsa por delante para protegerse la panza.

Mientras tanto, en plena avenida atestada de tráfico, un Bentley estaba atorado en la fila kilométrica de coches.

Diego, en el asiento del piloto, miraba con desesperación hacia todos lados buscando una salida. Valerio tenía un compromiso súper importante y todo indicaba que no iban a llegar a tiempo.

En una de esas, Diego notó que se estaba armando un alboroto en la banqueta. Al enfocar bien la vista, se topó de pronto con una escena de terror.

***

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