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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 88

Erika arrastró su cuerpo exhausto hasta el departamento de Martina, sintiéndose tan mal que no encontraba palabras para describirlo.

Se paró en silencio frente al espejo, observando su reflejo destrozado, hasta que las lágrimas por fin rompieron el dique y resbalaron por sus mejillas a su antojo.

De tanto llorar, el sonido fue subiendo de volumen sin control, volviéndose desgarrador, como si quisiera expulsar a gritos todas las injusticias que cargaba.

Menos mal que Martina no estaba en casa; de lo contrario, no habría podido desahogarse de esa manera.

Aun así, tampoco se atrevió a llorar demasiado tiempo por miedo a hacerle daño a los bebés que llevaba dentro.

***

Por otro lado, cuando Valerio se alejó por fin de aquel árbol con paso plomizo, su figura alta e imponente se veía más bien sola y desolada.

Echó un vistazo al cenicero del basurero que estaba al lado; las colillas ya formaban una montaña que no dejaba ver el fondo.

Las palabras de Erika resonaban en su cabeza como un disco rayado, imposibles de apagar.

Por primera vez en su vida, sintió una verdadera punzada en el corazón, un dolor mucho más agudo que cuando notó las extrañas actitudes que Erika había tenido últimamente.

En cuanto hizo que Diego pasara por él, le ordenó de inmediato que se dirigiera a la mansión Ramírez.

Diego, al verlo con esa pinta de alma en pena y escucharle la voz tan ronca, no se atrevió a soltar ninguna pregunta, ni siquiera intentó adivinar qué había pasado.

Diego se limitó a reportarle con cuidado:

—Señor Ramírez, ya quedó instalada la señora Milán. Siguiendo sus instrucciones, se le entregó una suma de dinero que debería ser suficiente para que la familia Milán se mantenga por un buen rato. A corto plazo, no creo que vayan a buscar a su esposa para causarle problemas...

Diego llamó a Erika su "esposa" de manera intencional.

Mientras hablaba, espiaba por el retrovisor la cara de Valerio, la cual se volvía cada vez más sombría, aunque sin inmutarse lo más mínimo por sus palabras.

Diego cerró la boca poco a poco y no se atrevió a hablar en todo el trayecto.

Al llegar a la mansión Ramírez, Valerio se bajó del coche como un rayo. Sus pasos eran acelerados, como si tuviera que atender el asunto más urgente del mundo.

—¡María! ¡María!

Al entrar a la sala principal, empezó a buscarla por todas partes mientras gritaba su nombre. Su voz ansiosa retumbó por toda la casa.

Capítulo 88 1

Capítulo 88 2

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