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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 90

—¿Una tienda de marca exclusiva y tienen empleadas con esta actitud? ¿Acaso tu sueldo del mes alcanza para pagarle una sola comida a esta señorita?

Al escucharla, tanto Erika como la vendedora miraron hacia la puerta.

Ahí estaba una chica de vestimenta impecable y maquillaje perfecto. Tenía los brazos cruzados y fulminaba a la empleada con una expresión de altivez.

¡La recién llegada no era otra que Carla, la misma Carla a quien Vanesa había presionado para perjudicar a Erika y que luego se había ido a Estudio Blanco!

Al verla, la empleada corrió hacia ella con actitud servil y le dijo con una sonrisa aduladora:

—Señorita, creo que me malinterpretó. Lo que pasa es que esa prenda es muy cara y, si se mancha, me va a ir muy mal con la gerente.

Sin dudarlo, Carla estiró un brazo y, con un gesto descortés, hizo a un lado a la dependienta para caminar directo hacia Erika.

En cuanto estuvo frente a ella, le dedicó una sonrisa dulce y la saludó con amabilidad:

—Erika, qué casualidad encontrarte aquí.

Viéndola así de cerca, a Erika le impactó aún más el radical cambio de la muchacha. En tan poco tiempo había tenido una transformación absoluta.

De ser una chica de ropa humilde, ahora lucía como una mujer a la moda y llena de clase.

Aunque en el fondo estaba muy sorprendida, no dejó que se le notara.

De inmediato, le regresó la misma sonrisa y cortesía:

—Qué casualidad, hace tiempo que no nos veíamos.

—Así es, mucho tiempo. Erika, quiero darte las gracias; gracias por ayudarme a entrar a Estudio Blanco.

Mientras hablaba, Carla le tomó las manos con delicadeza, mirándola con total agradecimiento.

Erika se quedó perpleja ante aquel agradecimiento repentino. ¿Qué tenía que ver ella con el hecho de que Carla entrara a Estudio Blanco?

Antes de que Erika pudiera cuestionarla, Carla la soltó, estiró el brazo y agarró el camisón.

Sin siquiera molestarse en revisar la etiqueta, se dirigió al mostrador con pasos arrogantes buscando a otra vendedora.

Tanto su actitud afectada como sus expresiones faciales proyectaban un aire de superioridad, como si estuviera presumiendo intencionalmente su nuevo estatus.

Al ver sus acciones, Erika pensó que Carla se compraría ese camisón, pero luego la escuchó decir:

—A Erika le gusta, envuélvemelo bien bonito. Ah, y cóbrame a mí y pásalo como tu venta. Además, llama a tu gerente un momento.

El tono de Carla no tenía nada que ver con la actitud sumisa que mostraba en el estudio; ahora se lucía como una señora adinerada arrasando con las tiendas.

Justo al terminar de hablar y ver que Carla sacaba su tarjeta bancaria, Erika corrió hacia ella.

Sin tiempo para preguntarle sobre su entrada a Estudio Blanco, la interrumpió de inmediato:

—Carla, cómo crees. Yo misma lo pago.

Pero Carla le respondió con una amplia sonrisa:

—Tómalo como un regalo de agradecimiento, Erika. Si no lo aceptas, lo tomaré como un desaire.

En la voz de Carla había un matiz que no daba pie a rechazos.

Capítulo 90 1

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