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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 91

Carla tomó la caja de regalo y se la entregó a Erika con ambas manos:

—Ten, Erika, acéptalo. La verdad es que he estado muy ocupada y apenas hoy tuve tiempo libre. Mi único propósito de salir hoy era comprarte un regalo. Qué bueno que encontré algo que te gustara, eso me hace aún más feliz.

Erika dudó un momento. Pensó que, en cuanto llegaran al último piso, le transferiría el dinero, así que dejó de rechazarlo y extendió la mano para tomarlo.

Justo en ese momento, una mujer de cabello corto que llevaba un gafete con el título de «Gerente» entró apresurada.

En cuanto cruzó la puerta, mostró una actitud de servicio sumamente profesional. Hizo una ligera inclinación hacia ellas y, con una sonrisa amigable y un tono de voz suave, dijo:

—Buenas tardes, señoritas. ¿En qué les puedo ayudar? Es un placer atenderlas.

Esa actitud tan profesional mostraba el respeto adecuado, pero a Carla no pareció importarle en lo absoluto.

Volvió a cruzarse de brazos, caminó lentamente hacia ella y, al detenerse, levantó la barbilla apuntando hacia la mujer que estaba detrás de la gerente:

—Mira, la que está detrás de ti. Vio que mi amiga vestía sencillo y empezó a insultarla.

La vendedora comenzó a agitar las manos con desesperación y se apresuró a explicar:

—¡Gerente, eso no es cierto! ¡No insulté a la clienta! Solo le advertí de buena fe que tuviera cuidado para no manchar la pijama de seda.

Carla soltó un bufido frío. Regresó la mirada a la gerente y dijo con tono provocador:

—Señorita gerente, ¿qué le parece si hacemos un juego de roles para que vea cómo se siente? Usted hace el papel de mi amiga y yo el de ella, ¿qué opina?

Al ver la actitud de Carla, la sonrisa de la gerente se volvió aún más conciliadora y mantuvo su tono amable:

—Una enorme disculpa. Si tuvieron alguna incomodidad en nuestra tienda, sin duda el error es nuestro. Primero que nada, le pido perdón en nombre de esta vendedora. Es nueva y aún le falta experiencia, así que les ruego que sean comprensivas.

Al escuchar las palabras de la gerente, Erika notó que no estaba encubriendo a la vendedora. Además, su expresión de disculpa le pareció bastante sincera.

Pero Carla no estaba dispuesta a dejarlo pasar tan fácilmente. Deshizo su cruce de brazos, movió el dedo índice frente a su rostro y dijo:

—No, me imagino que te sabes ese discursito de memoria, ¿verdad? Quizás esas palabras le funcionen a otros, pero conmigo es pura farsa.

La actitud implacable de Carla dejó a la gerente en una posición bastante incómoda.

Erika también se dio cuenta de algo: por cómo se estaba comportando Carla, era cierto lo que había dicho antes; si no se desahogaba hoy, iba a estar de mal humor todo el día.

Las palabras que Erika estaba a punto de pronunciar para calmarla se quedaron en su garganta.

La gerente dudó un buen rato antes de continuar con voz suave:

—Hagamos esto: haré que esta empleada le ofrezca una disculpa sincera a su amiga, ¿les parece bien?

Dicho esto, la gerente tiró de la manga de la vendedora para indicarle que diera un paso al frente.

Capítulo 91 1

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