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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 92

En cuanto ambas llegaron a la cafetería del último piso, Erika eligió una mesa apartada en un rincón.

Una vez sentadas, Carla pidió un café negro y Erika ordenó un vaso de leche.

—Erika, ¿no te gusta el café? —preguntó Carla en cuanto el mesero se retiró.

—La verdad, no mucho —respondió Erika brevemente, ya que por el momento no quería que mucha gente supiera de su embarazo.

Pensaba esperar hasta que su vientre se notara para decidir qué hacer.

Carla asintió con la cabeza:

—Sí, ya había escuchado que en el estudio tampoco tomabas café...

Sin embargo, la voz de Carla se detuvo en seco y su expresión se ensombreció poco a poco.

Al verla así, Erika le preguntó con preocupación:

—¿Qué pasa?

Carla apretó los labios y tartamudeó antes de añadir:

—Erika... Yo... Me acordé de lo que pasó aquella vez en la cafetería. De verdad, perdóname. Desde ese día, me he sentido muy culpable y apenada contigo. Te juro que en toda mi vida nunca había hecho algo malo, esa fue la única vez.

Tras escucharla, Erika sonrió con ligereza y le habló con voz suave:

—Eso ya quedó en el pasado, no te guardo ningún rencor. Además, sé que Vanesa te obligó a hacerlo...

Hablar de Vanesa hizo que Erika recordara de golpe el proyecto de Grupo Ramírez.

Carla se puso de pie de un salto, tomó su celular cruzando los brazos sobre la mesa y exclamó asombrada:

—¡Erika! ¡¿Qué estás haciendo?! ¡Te dije que mi único propósito de hoy era comprarte un regalo! ¡¿Por qué me estás devolviendo el dinero?!

Erika sonrió dulcemente, le hizo una seña para que se sentara y le dijo en un tono apacible:

—Haz de cuenta que ya recibí el regalo. Seguir rechazándolo ahí en la tienda iba a ser demasiado incómodo. Además, tú misma me contaste todo lo que te ha costado salir adelante; el dinero no es fácil de ganar, así que no andemos con rodeos. Para colmo, esta pijama la compré para el cumpleaños de una amiga, con mucha más razón no puedo dejar que tú la pagues. Y ni se te ocurra regresarme la transferencia, eh, porque ahí sí me voy a enojar.

Carla se quedó haciendo un ligero puchero de decepción durante un largo rato antes de hablar pausadamente:

—Está bien... pero en serio quería agradecerte, Erika. Actúas de una manera que me hace sentir en deuda contigo. Yo casi te hago caer aquel día, pero no me guardaste ningún rencor. Hasta conseguiste que entrara a Estudio Blanco. No sabes lo feliz que fui al poder librarme de esa Vanesa. Ya ni siquiera sé cómo agradecerte.

Al escuchar eso, Erika aprovechó para abordar la duda que le había surgido en la tienda de ropa de dormir:

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