—Si no lo quiere, entonces que ni lo tenga. Vamos a retrasar su debut, y si después sigue sin cooperar, pues seguimos el proceso y cancelamos el contrato.
—Su papá es el presidente de MEIKARA, si logramos conseguir que nos patrocine...
—¿No entiendes lo que te acabo de decir? —Vanesa miró a Julia, quien cerró la boca de inmediato.
—Los patrocinios y la publicidad son asunto del departamento de relaciones públicas, ¿me entiendes? ¿Y ya un novato que ni debuta se pone así? ¿Qué, cuando debute vamos a tener que contratar a un equipo solo para limpiar sus desastres? ¿O es que nuestra empresa ya está tan mal que necesitamos forzosamente un patrocinio para salvarnos?
—Por supuesto que no, solo Iker tiene tres contratos con marcas top este año, el patrocinio de MEIKARA nos da igual. —Blanca ya no se veía tan relajada como antes, y ahora su tono era formal y profesional, enumerando los acuerdos de este año como si pasara lista.
—¿Ya lo entendiste, Julia? —Vanesa dejó de lado su actitud despreocupada.
—Sí. —Julia se retorcía los dedos, admitiendo para sí que el dinero la había cegado.
Santiago observaba todo en silencio. La última vez que sintió esa presión fue cuando Aurelio dirigía la oficina y controlaba a todos bajo su mando.
—Pueden salir. Si no eres capaz de manejar a los artistas que tú misma traes, te vas con él.
Julia no se atrevió a replicar. Bajó la cabeza y salió. El ambiente dentro de la sala se sentía tenso, pero Iker estaba tranquilo, casi divertido. Sentado en el sofá, la luz tenue no le quitaba el brillo de la cara.
—¿Quieres un dulce? —preguntó, aunque ya había lanzado el caramelo hacia donde estaba Vanesa.
Vanesa lo atrapó sin dudar, lo desenvolvió y se lo metió a la boca. De paso, aventó el envoltorio al bote de basura junto a la puerta.
—¿Por dónde van con la grabación?
—Apenas estamos empezando.
—¿Y la canción esa que le hicieron al tal Zheng?


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