—Sabía que ibas a venir.
—¿De verdad no hay otra opción? —Vanesa miró los libros desordenados sobre la mesa. Aunque en el fondo ya conocía la respuesta, no pudo evitar aferrarse a un pequeño hilo de esperanza.
Valentín soltó un suspiro y cerró el libro.
—Vane, yo más que nadie quisiera que existiera otra salida.
Vanesa guardó silencio.
Ambos conocían los libros de medicina de la clínica como la palma de su mano. Si alguien preguntaba por alguna receta, podían señalar la página y el renglón exactos sin pensarlo. Ahora, después de tanto buscar y desvelarse, era evidente que se encontraban en un callejón sin salida.
Aun así, ninguno estaba dispuesto a rendirse.
¿Y si…? ¿Y si por descuido se les había pasado justo ese capítulo que podría hacer la diferencia?
—¿Y David… cómo sigue?
Vanesa negó con la cabeza, sin fuerzas para hablar.
Valentín parecía todavía más encorvado, como si los años le pesaran un poco más.
—Ese niño es fuerte y testarudo. Casi nunca deja ver lo que siente. Vane, estos días tendrás que estar más pendiente de él.
—Lo sé —respondió ella con voz queda.
No lograron encontrar lo que buscaban, pero Vanesa tampoco perdió del todo la esperanza. Siguió repasando los libros junto a Valentín. Cuando la noche cayó, no habían hallado nada útil.
...
El lunes marcó la apertura oficial de la cafetería. Federico y los Balderas habían llegado antes del amanecer para dejar todo listo. Vanesa, luego de terminar su desayuno, vio que aún era temprano, así que decidió tomar un desvío y pasar a echar un vistazo.

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