Entrar Via

La Princesa romance Capítulo 221

No se sabía cuánto tiempo había pasado cuando Valentín por fin respiró hondo, agotado, y salió del cuarto. Vanesa y David se apresuraron a rodearlo, cada uno lo sostuvo de un brazo para ayudarlo a bajar las escaleras.

—Valentín, ¿está bien? —preguntó Vanesa, sirviéndole un vaso de agua y pasándoselo con manos temblorosas.

Valentín tomó el vaso y, en cuestión de segundos, lo vació por completo.

—Valentín, ¿cómo está mi mamá? —la voz de David tembló, su garganta se movió, dejando ver la tensión que lo atravesaba.

Valentín sostuvo el vaso entre las manos, acariciando el borde, y evitó la mirada de David. Se quedó callado un buen rato antes de dejar escapar un suspiro largo, cargado de pesar.

David ya no se atrevió a decir nada más. Temía escuchar una respuesta que no pudiera soportar.

Valentín, conmovido, sabía que había cosas que no podía callar más.

—Mira, David… Tu mamá lleva dos años postrada en la cama, está consciente, pero no puede despertar ni moverse… —Las palabras se le atoraron un momento.

Le dio unas palmadas en el dorso de la mano a David. Sus ojos, que ya mostraban el paso de los años, se pusieron más rojizos.

En el fondo, David había pensado en rendirse muchas veces. Pero siempre decidía esperar un poco más, solo un poco más… y así habían pasado dos años eternos.

Alba siempre fue una mujer optimista y bondadosa, llena de vida, confianza y una fortaleza admirable. No solo David, hasta Vanesa estaba convencida de que Alba despertaría algún día. Nadie imaginó que el fallecimiento de su esposo la golpearía tanto, hasta el punto de quitarle las ganas de seguir luchando por su vida…

Durante esos dos años, los tres probaron de todo, buscando alguna señal de que Alba quisiera aferrarse a la vida, pero todo fue en vano.

El silencio llenó la sala. De repente, David se levantó de golpe, sin decir una sola palabra, y subió las escaleras. Caminaba como si le hubieran arrancado el alma, arrastrando los pies como un zombi, y por poco se tropieza en el escalón.

Vanesa se incorporó enseguida, pero Valentín la detuvo. Negó despacio con la cabeza.

—Déjalo, que pase un rato con su mamá. Ha estado evitando esto por dos años… ya es momento de decidir.

Vanesa apretó la mandíbula, conteniendo las lágrimas.

—¿Todavía es posible que la señora Ríos despierte una vez más?

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Princesa