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La Princesa romance Capítulo 225

La voz de David estaba hecha pedazos. Parecía un niño perdido, con la mirada repleta de confusión y miedo.

Cuando Vanesa lo escuchó decir esas palabras, sintió que el corazón se le partía en mil pedazos.

Las lágrimas se le agolparon en los ojos. Valentín, apretando los dientes, salió de la habitación dando pasos largos y pesados.

—Vane... ¿Qué hago ahora? Vane, ¿dónde están mi papá y mi mamá?

Vanesa no encontraba palabras. Tampoco sabía qué hacer.

En ese instante, cualquier cosa que dijera parecía inútil. Lo único que pudo hacer fue abrazar a David, apretándolo contra su pecho. David le rodeó la cintura con los brazos, aferrándose como si temiera que también ella desapareciera.

—David, hay que dejar que la señora descanse, ¿sí?

David no respondió. Solo asintió con la cabeza. Su ropa estaba empapada de lágrimas. Vanesa, evitando mirarlo directamente, le dio unas palmadas suaves en la espalda.

Era igual que dos años atrás en el hospital, cuando los dos se abrazaron y vieron cómo cubrían a Bernardo con una sábana blanca, sin haber podido despedirse de él.

Dos años después, seguían siendo solo ellos dos. Esta vez, el destino se había llevado a la mamá de David.

Al menos, ahora todavía podían hablarse.

Cuando todo estuvo arreglado, la noche ya había caído. Carlos llevó de regreso a Valentín y la casa, que ya era silenciosa, se sentía aún más vacía.

La lluvia seguía cayendo, sin señales de que fuera a parar.

David estaba acostado en la cama, con la cabeza sobre las piernas de Vanesa. Las lágrimas se le escapaban sin que él se diera cuenta, como si estuviera perdido en un sueño profundo.

Vanesa, recostada en el cabecero, lo miraba con ternura y el alma hecha pedazos por el dolor ajeno.

Le acariciaba el hombro, una y otra vez, como si estuviera arrullando a un niño pequeño.

Un relámpago iluminó el cuarto, seguido por el estruendo de un trueno.

Vanesa le tapó los oídos a David, tratando de aislarlo del estrépito.

Así como Alba la arrullaba en noches de lluvia cuando era niña, ahora ella hacía lo mismo con David, tratando de consolarlo en medio de su tristeza.

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