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La Princesa romance Capítulo 309

El tono de Irma era tan neutro que no dejaba espacio para emociones, limitándose a exponer los hechos con una calma que helaba el ambiente.

Diecisiete años. Exactamente diecisiete años y, en todo ese tiempo, ¿Irma alguna vez le había hablado así?

El semblante de Jacinta cambió de golpe, la sonrisa se le congeló en el rostro hasta parecer que estaba a punto de llorar.

—Me mandaron fuera del país en la noche, cambié de celular y también de número. Mamá, sabes que nunca me he aprendido los teléfonos de papá ni de mis hermanos, seguro fue un malentendido. ¿Cómo crees que podrían haberme bloqueado?

Jacinta soltó una risita incómoda, aunque solo ella sabía que lo que decía Irma era cierto.

Cuando no encontró a nadie en el edificio, Jacinta marcó uno por uno a todos. Exceptuando a Camila Balderas, a quien no llamó, intentó comunicarse con todos los demás.

Primero pensó que era porque se había quedado sin saldo, pero el celular funcionaba bien. Luego creyó que el aparato estaba fallando, así que le pagó cien pesos al dueño actual de su antiguo celular para probar con ese.

Esta vez, la llamada sí entró de inmediato. Sin embargo, apenas Aurelio Balderas y Alfonso escucharon su voz, colgaron en seco. Federico Balderas y Santiago sí recibieron la llamada, pero ninguno contestó.

Fue entonces cuando cayó en cuenta: la habían bloqueado.

No quería aceptar esa realidad, así que volvió a marcar al número de uno de ellos insistentemente, hasta que también fue bloqueada ahí.

Al final, el dueño del celular, cansado de la insistencia, le arrebató el teléfono sin miramientos.

En cuanto a la dirección de ese lugar, fue gracias a un vecino—alguien con quien solo había cruzado palabra una vez—que pudo llegar hasta ahí.

—Mamá, todo esto es un malentendido, ¡yo soy tu hija! ¡La que criaste por diecisiete años! ¿De verdad puedes dejarme así? Si... si hasta tú me das la espalda, entonces mejor me muero de una vez.

—¡Pues vete a morir!—. Antes de que Irma tuviera oportunidad de contestar, la voz de Aurelio retumbó a sus espaldas.

Jacinta se giró de golpe. Aurelio llevaba las bolsas del mandado y a su lado estaba Vanesa.

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