—Después de lo que pasó con Vane, creemos que ya no podemos seguir tirados sin hacer nada.
Irma asintió, mientras que Vanesa, confundida, solo los miró sin entender del todo.
—Desde que Grupo Balderas se fue a la quiebra, aunque me daba coraje, tampoco podía hacer nada. Por más que tenía las ganas de empezar desde cero, todo era un caos y ni fuerzas tenía para arreglarlo. ¿Cómo iba a lograrlo así?
Aurelio recordaba esos días oscuros tras la bancarrota, el periodo más gris de su vida. Pensó en levantarse de nuevo, pero ya no tenía la energía ni el capital de sus años jóvenes. Cuando por fin aceptó la realidad y buscó un trabajo sencillo para vivir el resto de sus días en paz, solo encontró puertas cerradas.
Si no fuera por el apoyo de la familia, incluso pensó en tirarse por la ventana y acabar con todo.
—Pero después llegó Vane, y poco a poco todo en la casa fue mejorando. Cada día nos iba mejor... Gracias al talento culinario de tu mamá y al local de Vane, al menos yo tenía algo en qué ocuparme, aunque solo fuera ayudándole a tu madre para que no cargara sola con todo. A veces pienso que, de todos aquí, el más inútil resulté ser yo.
—Papá… —Alfonso y los demás se quedaron helados, sorprendidos por la confesión de Aurelio.
Pero Aurelio solo agitó la mano y sonrió.
—Sé que ustedes no piensan así, soy yo el que le da vueltas a todo esto. Por eso, pensé que no estaría tan mal pasar mis días junto a tu madre, cuidando nuestra pequeña fonda, viendo cómo ustedes crecen y alcanzan sus metas. Eso nos llena de orgullo.
Irma asintió, una mano acariciaba el contrato y la otra tomaba la mano de Aurelio con cariño.
—Pero, con lo de Vane, como padres no supimos defender a nuestra familia y terminamos convertidos en motivo de burla…
—Así que lo platicamos y decidimos que vamos a hacer crecer la fonda. Queremos abrir una cadena. Hace tiempo vino alguien a comer, nos propuso asociarnos y lo rechazamos, pero igual nos dejó su tarjeta, por si cambiábamos de opinión.
Aurelio sacó la tarjeta que llevaba guardada en el bolsillo desde entonces.
Vanesa le echó un vistazo.

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