—¡Ay, niña! —Aurelio fingió molestia, pero no pudo aguantar y se le escapó la risa enseguida.
En la casa las carcajadas no paraban. Entre bromas y sugerencias, todos platicaban animados, imaginando juntos lo que les depararía el futuro.
De pronto, el timbre del celular sonó en la sala. Vanesa reconoció su tono y se levantó rápido a contestar.
Era Elías.
Miró la hora: justo a la hora de la comida.
—¿Qué pasó, travieso…?
—¡Vanesa, uuh uuh...! No quiero irme del país, ¡no quiero! Llévame contigo, por favor, ¡no quiero irme, uuuh!
Apenas empezó a hablar, Elías rompió en llanto desde el otro lado, sollozando entrecortado, repitiendo que no quería irse del país.
—¿Dónde estás ahora? —Vanesa frunció el ceño.
—Estoy en el… Esteban… —Elías no terminó la frase, porque Esteban le arrebató el celular.
—¿Bueno? —Vanesa llamó un par de veces, hasta que al fin, Esteban respondió con toda la calma del mundo.
—Esteban, ¿qué pasó? ¿Y Elías? ¿En dónde están?
—No es nada grave. Luego te marco.
—¡Esteban!
Vanesa ya alzaba la voz, molesta. Antes de que pudiera regresar la llamada, alguien le tocó el hombro.
Al voltear, Alfonso le pasó su celular.
[El presidente de Grupo Montemayor, Matías, fue hospitalizado y aún no está fuera de peligro. Grupo Montemayor podría ser adquirido.]
Las pupilas de Vanesa se contrajeron. Señaló la puerta sin decir palabra.
—Yo manejo. A estas alturas, seguro están en el hospital —comentó Alfonso.
—Vamos —Vanesa no dudó. Se dirigía a la puerta pero, como si algo se le hubiera olvidado, corrió de vuelta a su habitación y tomó algo.

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