—Señor, estoy bien, ¿cómo es que usted vino hasta acá? —Federico se apresuró a acercarse, mientras David y Vanesa también saludaban con un gesto.
Estrella e Ismael, al notar que el ambiente se había puesto tenso, se acomodaron discretamente junto a Sabrina. Se miraron rápido, Estrella asintió y le hizo el gesto de cerrar la boca con un cierre, y se quedaron en silencio.
Lucio, al ver que Federico había ocupado su lugar, se hizo a un lado. De inmediato notó los ojos rojos de Vanesa, torció la boca con desdén y se acercó sin decir nada.
—¿Y ahora qué está pasando aquí? —preguntó, sin rodeos.
—Un show de victimismo —susurró Vanesa, cabizbaja.
Lucio le hizo una seña de aprobación levantando el pulgar y ya no se movió, quedándose a observar el círculo conformado por Valentín, Federico, Julio y la pareja de Raúl.
—Hermano, ¿qué haces aquí? —Raúl se sorprendió al ver a Julio, aunque de inmediato se sintió más confiado.
—Hermano, mira a estos tipos, ese de ahí le rompió la costilla a mamá. Yo solo le pedí que pagara el hospital, pero no quiere reconocer nada, ¡y ahora hasta quiere denunciarnos para que paguemos nosotros! Dime si no es el colmo, ¿dónde quedó la justicia? —Raúl señaló a Federico con el dedo, y luego fue marcando a todos los demás.
—Y ese de allá, dizque abogado. Y estos, todos son cómplices —insistió, como si estuviera en una obra de teatro.
—¡Ya cállate! —le soltó Julio, mirándolo con ganas de taparle la boca con cinta adhesiva.
—Abogado Balderas, esto es solo un malentendido, se lo juro —se giró hacia Alfonso, sonriendo nervioso, y después miró a Federico.
—Fede, ¿te acuerdas del señor Yáñez, verdad?
Federico asintió. Recordaba bien a Julio, ya que él mismo le había atendido la espalda cuando se lastimó, llegando a visitarlo varias veces.
—Mi hermano es medio burro, nunca estudió, no sabe nada. No le tomes importancia a lo que dice. Tú di cuánto es lo que hay que pagar, yo lo pago, ¿sí? No hace falta meter denuncias ni llegar a más. Mejor que cada quien siga su camino y aquí no pasó nada, ¿no crees?
Ver a Julio, tan orgulloso, agachando la cabeza ante un muchacho, puso nervioso a Raúl, quien en ese momento prefirió no decir ni una palabra y tratar de pasar desapercibido.

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