Cada quien ocupado en su rincón, metido en sus propios asuntos.
En cuanto Mohamed llegó a casa de los Montemayor, se topó con la puerta cerrada en su cara de la forma más descarada. Al menos a Esteban y Vanesa sí los dejaron entrar, pero a Mohamed ni siquiera le permitieron pisar el umbral.
—Señor Encinas, el señor Montemayor está en la empresa y no se encuentra en casa. Lamentamos no poder dejarlo pasar. Si tiene algo urgente, puede agendar una cita en recepción de la compañía.
Al ver la expresión de Claudio despidiéndolo desde la reja, Mohamed sentía que lo estaban ridiculizando. Pero, aunque se moría de ganas de reclamar, no encontraba razón válida para hacerlo.
Apretando los dientes y con el orgullo hecho trizas, Mohamed cerró la puerta del carro de un portazo, sintiéndose impotente.
Peor aún, él mismo se había metido en esa situación. Por más rabia que sintiera, no le quedaba más que tragarse su propio coraje.
—Señor, entonces, ¿qué hacemos ahora? —preguntó el chofer, mirando por el retrovisor.
—Vámonos a Grupo Montemayor.
Si ese documento llegaba a manos equivocadas, la familia Encinas perdería hasta la camisa. Pensar en su nieto Thiago solo lo hacía sentir más ansioso, y aunque lo adoraba, en ese momento tenía ganas de soltarle una buena regañada.
...
Dieron varias vueltas hasta llegar a la empresa de Esteban. Al ver la cantidad de empleados entrando y saliendo, Mohamed sintió que la vergüenza le quemaba la cara.
—Mira nada más, qué chamaco más maquiavélico —pensó—. En vez de hacerme venir a la casa, donde nadie lo vería, me hace venir a la empresa, justo donde todo el mundo puede presenciar cómo me dejan en ridículo.
Por dentro, Mohamed maldecía a Esteban, pero lo cierto era que a nadie le importaba su presencia.
Decidido a subir de inmediato, fue interceptado por la recepcionista.
—¿Señor Encinas? —le preguntó la señorita del mostrador, con una sonrisa impecable.
Era obvio que Esteban ya le había dado instrucciones claras.
Mohamed se detuvo, incapaz de ocultar su molestia.
—¿Sabes quién soy? ¿Te atreves a detenerme? —replicó, sujetando el bastón con fuerza. Sentía que todos a su alrededor se burlaban de él.

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